lunes, 21 de octubre de 2013

Las Espadas de Japón. Suprema Artesanía



Un samurái montado limpia cuidadosamente la hoja de su arma
British Museum, Londres.

                                                                                                  Por José Luis Mignelli      


The Swordsmith was not a mere artizian, but an inspired artist, and his workshop a sanctuary” 
                                                                                                     
Inazo Nitobe (Bushido, the soul of Japan)

  

La excelencia que desde antaño se atribuyó a la Espada Japonesa, constituye una verdad acatada por expertos de todo el orbe. Esta circunstancia obedece a la calidad del forjado, complejidad estructural por cuanto en el laminado pueden intervenir distintas clases de acero y hechura artesanal. Esta última pude ser calificada sin ambages como puramente artística. Ocupan en consecuencia un lugar de privilegio junto a la espada Toledana, cuya hoja posee un alma de hierro dulce encerrada entre dos tejas de acero y las de Damasco forjadas a partir de una torta o lingote de acero de origen indio (wootz), con alto contenido de carbono. Estas últimas luego de forjadas, ponían de relieve en sus mesas un vistoso dibujo, que sumaba estética a otras calidades mecánicas. 1)

 Las espadas japonesas pueden clasificarse en dos grandes periodos: Koto y Shinto, lo que significa vieja y nueva espada respectivamente 2), no existiendo coincidencia entre los autores acerca de cuál fecha marca la línea divisoria entre ambos. Alfred Dobrée menciona los años 1596 y 1603 D.C., en dos lugares de su obra (Japanese Sword Blades, 1905)*, señalando que la división fue realizada por el Taiko Toyotomi Hideyoshi, quién nombro a Honami Kösetsu primer experto oficial de espadas del Japón, cuyo juicio en la materia se consideró inapelable.

Conforme a su longitud y en orden decreciente, las armas blancas japonesas pueden clasificarse así: Nodachi, Tachi, Uchigatana, Katana, Wakizashi, Tanto y Aikuchi.** Este último consiste en un couteau desprovisto de tsuba o rodela. El uso combinado de una espada larga (vgr. Katana) y una corta (Wakizashi), formaban el Daisho, lo que constituía una característica distintiva de la casta de guerreros samuráis. Las rodelas de las espadas más cortas permitían complementariamente portar un pequeño cuchillo (kodzuka), y un implemento para el tocado personal (kogai), ubicado en forma opuesta. Otro cuchillo utilitario provisto de un luengo cabo angular fue el Tósu, cuyo origen se remonta c. 26 AC y del que no se conservan ejemplares originales.

Entre las espadas más antiguas, cabe mencionar al Tsurgi o Ken, a cuya hoja excepcionalmente recta y de doble filo se le atribuye origen chino. Primigenias hojas rectas fueron también las Hira-Zukuri y Kiriha-Zukuri, provistas de lomo (mune) y un solo filo (ha), corrido al exterior; diferenciándose la última por presentar un bisel longitudinal (shinogi), que recorre sus mesas, permitiendo reducir el espesor de la arista aguda optimizando el filo. Las hojas curvas surgieron a partir de los requerimientos de la caballería, necesitada de inferir golpes cortantes antes que estocadas. La curvatura puede observar distinto grado, pudiendo este acentuarse en las proximidades de la espiga (koshizori), en el centro (toriizori), o en la punta de la hoja (sakizori). Dicho grado se mide por la flecha (sori), es decir la máxima profundidad registrada entre una línea (nagasa), idealmente tendida entre el hombro y la punta de la hoja (kissaki) y el lomo de la misma. A diferencia de la clásica shinogi – zukuri provista de un bisel longitudinal y otro transversal (yokote), que delimita la punta (boshi) del resto de la hoja, la kogarasu – zukuri destaca por su diseño excepcional. Su suave curvatura, permite inferir su carácter de etapa de transición entre hojas rectas y curvas. Presenta filos corridos al interior y exterior en las proximidades de la punta y una espina recorre sus planos dividiéndolos en partes iguales. Ambas corresponden a la segunda mitad del periodo Heian, c. Siglos XI/XII. 


Tsuba o rodela - Tokyo National Museum

Una característica singular de estas armas orientales, consiste en el peculiar y eficaz método de unión de la empuñadura con la espiga (nakago), mediante la utilización de clavijas de madera, bambú o asta (mekugi). 3) También es privativo el collar metálico (habaki), ubicado junto a la rodela y cuya función consiste en mantener fuertemente apretado el arriaz, absorber el efecto de los golpes y ajustar por fricción la espada en la vaina (saya). Esta última era normalmente confeccionada en madera laqueada. Una mención especial merece el pulido de las hojas, el que demandaba varios pasos y días de trabajo, perdurando incólume por centurias. El mantenimiento de las mismas se realiza hasta hoy, mediante la aplicación de un fino polvo (uchiko), proveniente del secado de residuos obtenidos en el pulido final de una hoja, así como también con el uso de aceite de clavos o camelia.

Mientras en occidente (excepción hecha de la espada Toledana y las obtenidas por el método de soldadura), 4) el arma blanca presentará una hoja de acero maciza, que ha pasado sucesivamente por las etapas de forja, temple, revenido y pulido; los mejores especímenes de espada japonesa, ofrecerán una hoja de estructura mas o menos compleja, pero cuya característica sustancial consistirá en poseer un núcleo o corazón de hierro blando que aportará flexibilidad, recubierto por un envoltorio de acero que brindará resistencia, dureza y (mediante un tratamiento térmico especial), filo durable. Este resultado se obtenía a partir de la operación de forjado, mediante el martilleo y plegados sucesivos del material, en el contexto de una ceremonia no exenta de carácter ritual, en la que el swordsmith ataviado con vestiduras especiales iniciaba su labor con las primeras luces del alba.

Lograda la hoja, ésta era cuidadosamente revisada en busca de posibles defectos y la espiga rayada en un sentido determinado (yasuri-me o file marks), lo que permite en la actualidad y a falta de firma (mei), clasificar una pieza entre distintas escuelas de forjado.

Su característica distintiva, es sin embargo la yakiba, filo inquebrantable rico en cristales de martensita, para cuya obtención se requerían varios pasos. La hoja era primero recubierta por una mezcla compuesta de arcilla ferruginosa, arena y polvo de carbón. Cuando esta cobertura comenzaba a secar, el Kaji, provisto de una astilla de bambú afilada, realizaba en la misma un corte por espacio de media pulgada a partir del filo, en ambas mesas y en sentido longitudinal. La línea de incisión no era caprichosa, sino que obedecía a un diseño preconcebido, que opera como fuente supletoria de identificación. 5) En la zona próxima al filo y a partir de la línea de templado (hamon), la cobertura era retirada o afinada extraordinariamente. Cumplida esta etapa, la hoja era nuevamente sometida a calor intenso (800º), en contacto directo con la flama y luego sumergida en agua de templar. Como consecuencia de este último paso, la parte de la hoja desprovista de cobertura (yakiba), enfriaba rápidamente adquiriendo gran dureza. El resto enfriaba en cambio lentamente por lo que su dureza seria menor, ganando en flexibilidad. La calidad y temperatura del agua no quedaban libradas al azar, por el contrario, constituían un secreto celosamente guardado por los maestros forjadores. Entre ellos cabe mencionar a Masamune de Sagami (Siglos XIII/XIV) 6), quién expulsó a su discípulo preferido Samonji, por haber interferido en el templado de una hoja, al introducir la mano en el agua con intención de conocer su temperatura.  

Dice Dobrée (OC), que para fines del Siglo XVI, los secretos de los maestros forjadores se habían perdido, atribuyéndose los mejores trabajos a los Siglos XII, XIII y XIV. En 1876 un edicto prohibió en Japón la portación de la espada y esta artesanía cayó en un periodo de marcada decadencia. Durante el mismo, las espadas destinadas al uso militar fueron producidas en forma masiva e industrial. En 1937 se produjo un renacimiento de la espada tradicional, conociéndose este periodo como: Shin –Gunto.(7)



Referencias:


1) Investigadores de la Universidad de Dresden en Alemania, observaron con un microscopio de electrones de transmisión, una muestra de acero de Damasco. La misma presentaba nanotubos de carbono, consistentes en disposiciones cilíndricas de átomos de carbono, así como nanolaminas de cementita, ricas en hierro y carbono duro. Estas últimas brindan el patrón ondulado de bandas, al que hace referencia el texto. Vid Henry Fountain, Los legendarios sables de Damasco, un prodigio nanotecnológico (Clarín, 16/XII/2006). Sin embargo, aunque en términos comparativos, un experto francés en arte japonés (Gouse), ha señalado: “Japanese blades are incomparably the most beautiful the world has ever produced; those of Damascus and Toledo, as examples of the working and tempering of steel, appear beside them merely as the efforts of children.” (Vid A. Dobrée, OC)


2) Richard Fuller y Ron Gregory en su valioso trabajo Military Swords of Japan, 1868 – 1945, editado en 1987 por Arms & Armour Press, ofrecen una clasificación minuciosa:

Ancient Pre: 900 AD

Koto: 900 /1596

Shinto: 1596 /1800

Shin Shinto: 1800 /1868

Modern: 1868 to date


3) Las empuñaduras consisten en dos piezas de madera, encoladas y acanaladas en su interior con capacidad para contener la espiga. Están recubiertas de piel áspera de raya (samé), sobre la que se apoyan dos figuras metálicas ornamentales (menuki). El conjunto era por fin asegurado, mediante una cinta de seda dispuesta en zigzag. La empuñadura se completa con el pomo (kashira), en su extremo superior y una virola (fuchi), en el inferior. Dos láminas de cobre (seppa), separan la virola y el hombro de la hoja, de la rodela.


4) En Europa Occidental durante los primeros siglos de la era cristiana (II/IX), francos y vikingos forjaron espadas mediante el método de soldadura (Pattern-Welded Swords). Varillas de hierro dulce y otras de hierro levemente endurecido mediante caldeo, eran martilladas, soldadas y sometidas a una fuerte torsión en espiral. Con el producto resultante de esta operación se daba forma a la hoja, soldándole luego filos de acero. Etruscos, griegos y romanos también forjaron espadas que suponían una solución de compromiso entre flexibilidad y capacidad de corte, al dotarlas de un núcleo relativamente blando con filos de acero mas duro.

5) El dibujo de la yakiba permite clasificar a una pieza, entre 32 principales escuelas de forjado.


6) Las cinco grandes tradiciones en la manufactura de espadas y sus principales representantes, corresponden a las provincias de: Sagami (Kunitsuna, Masamune, Kunimitsu y Yukimitsu); Yamashiro (Munechika, Kunitomo, Yoshimitsu, Kuniyuki); Bizen (Tomonari, Masatsune, Kanehira); Yamato (Kaneuji, Amakuni) y Mino (Kanesada, Kanemoto, Yoshiada, Kaneyoshi). Vid Kanzan Sató. The Japanese Sword. Kodansha International Ltd. and Shibundo. Tokyo, New York and San Francisco, 1986.


7) Literalmente: “Nueva espada militar” basada en la espada tradicional. La voz proviene de shin: nuevo y gunto: espada militar.
 

Llamadas:
 

*) Existe edición moderna: Alfred Dobrée. Japanese Sword Blades. Arms and Armour Press and George Shumway Publisher. London, 1967.


**) Las vainas pueden presentar anillas de sujeción que permiten, mediante un cordón, colgarlas de la cintura con el filo hacia abajo (vgr. Tachi), o una traba de sujeción, a fin de portarlas en la cintura en posición cuasi - horizontal y con el filo hacia arriba. (vgr. Katana y Wakizashi)

Nota: La primera versión de este artículo fue publicada en Gente BOT Baires. Boletín Informativo de The Bank of Tokyo, Ltd., Sucursal Buenos Aires. Año III, Nro. 10, correspondiente a  Marzo de 1991.


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