domingo, 8 de septiembre de 2013

La daga de Juan Moreira.

 El autor aporta datos que aclaran información volcada por una museóloga, en un artículo publicado en un boletín de la AACAM.


                                                                                                    por José Luis Mignelli


“siendo la misma que le regalara Adolfo Alsina”
Eduardo Gutiérrez (Juan Moreira)


Comenzaremos afirmando que el trabajo de la museóloga Marta Beatriz Eiroa, nos parece valioso. No obstante, creemos que de su lectura surgen afirmaciones e interrogantes, que merecen ser analizados e indagados en profundidad.

I) Damos (en principio) por válidas, las dimensiones, peso y otras características del arma, tomadas “in situ” por la autora, las que se contradicen con las contenidas en el Juan Moreira, de Eduardo Gutiérrez. Sin embargo, una importante obra citada en la bibliografía: “Esgrima Criolla” de Mario López Osornio 1), contiene una descripción de la daga no reproducida en el artículo, que viene a oficiar de tercero en discordia. En efecto, dice López Osornio que: “La daga de Juan Moreira mide ochenta y cuatro cm. de largo contando la empuñadura. Su hoja, únicamente tiene setenta y tres y cuatro cm. de ancho en la parte de su inserción en el cabo. Pesa alrededor de setecientos veinte gramos y le fue regalada al paisano por don Adolfo Alsina. Su gavilán había sido primitivamente en forma de “ese” pero su dueño lo hizo corregir, dándole la de media luna o “u.””(Sic). Esta descripción permite concluir que la empuñadura debería medir unos once centímetros.

¿Tuvo López Osornio la oportunidad de observar personalmente la daga, pesarla y efectuar las mediciones correspondientes? No lo sabemos y en caso de no haberlo hecho, tampoco  menciona  su fuente de referencia. Con excepción de la longitud de la hoja y el peso,  la descripción es semejante a la efectuada por el propio Gutiérrez.


 Daga de Juan Moreira

II) No encontramos fundamento a la afirmación de que la hoja es “de acero toledano” (Sic), toda vez que del examen resultó que no se encontró en los gavilanes y en la cruz punzones o marcas de fábrica. Recordemos que las espadas de la Fábrica de Toledo, poseían un alma de hierro dulce encerrada entre dos tejas de acero, lo que les confería gran flexibilidad. No obstante, no era este el procedimiento empleado con las armas blancas cortas del mismo origen, las que se fabricaban totalmente en acero. ¿Fue la daga de Moreira realizada a partir de una espada de Toledo, en desuso o quebrada? Un examen del ejemplar podría revelarlo. En general, las armas obtenidas de restos de otras (canibalización),  presentan indicios que pueden orientarnos acerca de su origen.  Así, un vaceo que llegue hasta la punta de la hoja o que comience en la cruz, puede ser ilustrativo al respecto. La empatilladura que suelen presentar el facón y la daga, pueden dificultar parcialmente la observación. 2) La expresión “temple toledano” utilizada por Gutiérrez (OC), para destacar la excelencia de la hoja, es meramente literaria y al solo efecto comparativo.

III) Aporta confusión adicional, la equiparación de la daga con el facón, surgida de una interpretación extensiva del parte policial del 2 de Mayo de 1874, que la menciona bajo la última denominación. López Osornio (OC), dice de la daga criolla que “sus filos fueron infaliblemente dos, a  derecha y a  izquierda” (Sic). En el mismo sentido y en lo que hace al ámbito del Río de la Plata, parecen en principio contestes otros autores que han abordado el tema. Entre ellos: Grenón, Salas, Oberti y Domenech. 3)

La descripción primigenia del arma hecha por la autora 4), no aclara la situación ya que si bien afirma que “el filo no esta definido”, puede presumirse que necesariamente deberá tratarse de una hoja vaciada a una o más mesas. En el primer supuesto, tendrá que presentar lomo corrido al interior y debería ser (a nuestro juicio), inequívocamente clasificada como facón. En efecto, éste se caracteriza por poseer: empatilladura, lomo,  filo, mesas (planos de la hoja) y punta. Como la mayor parte de las armas blancas, puede observarse en el último tercio de la hoja un breve contrafilo o dos chaflanes 5), para facilitar la penetración. Cuando proceden de restos de sables o espadas pueden presentar un vaceo. 6) Siempre se consideró al facón “arma de pelea” y en principio no apto para tareas rurales.

Así, nuestro José Hernández dice en “Instrucción del Estanciero”: “A los peones no se les debe permitir facón, porque no sirve para el trabajo. Deben usar cuchillo y siempre bien afilado.” (Sic)


Detalle de la empuñadura

IV) Resulta difícil abordar el estudio de las armas utilizadas por los paisanos, sin hacer referencia a la circunstancia histórica en que sus vidas se desenvolvieron. El entorno hostil, la precariedad y escasez (casi absoluta para su nivel socio-económico), de armas de fuego con las que enfrentar indios, fieras y eventualmente ejercer su defensa o “lavar una afrenta”, solo le permitieron recurrir al arma blanca como único medio de ataque y defensa. La escasez de hierro y acero para realizarlas, hizo frecuente el uso de limas y otras herramientas en desuso, así como restos de armas de mayor longitud, que transitaron un proceso constante de transformación, en el que poco o nada resultaba desechable.   El resto del esfuerzo fue cubierto por la pericia de plateros y sogueros que se ocuparon de montarlas y en el coraje de los que las empuñaron y esgrimieron con variada destreza. De esto último dan cuenta expresiones populares como “vistear, canchar y aligerar” (práctica o sport que se transmitió de generación en generación), así como varias páginas de nuestra literatura gauchesca. Las utilizadas por el criollo pueden ser clasificadas en dos categorías.  Aquellas que revistieron el carácter de arma- instrumento: cuchillo, cuchilla, fachinera y verijero y las puramente ofensivas y/o defensivas: puñal, facón, daga, estoque y caronero.  Martín Fierro, pone  toda su confianza en el facón, al caracterizarlo como “este que no yerra el fuego”, verso que alude a disparos fallidos en armas de chispa y percusión. El mismo Moreira en el relato de Gutiérrez (OC), resulta víctima de esa circunstancia, cuando al disparar uno de sus trabucos “no dio fuego” por haberse caído el fulminante.

V) En su número 105 del año VIII, correspondiente a Junio de 1998, la revista Magnum publicó un extenso artículo debido a la pluma de Marcelo Francini, en el que se relatan las vicisitudes sufridas por Moreira, hasta su dramática muerte acaecida en La Estrella de Lobos, en las primeras horas de la tarde del 30 de Abril de 1874. El trabajo citado permitiría inferir,  en coincidencia con el parte policial del 2 de mayo de ese año, que el arma a la que Gutiérrez dedicó el último capítulo de su folletín, debiera ser indefectiblemente clasificada como facón.


Referencias:


1)       “Esgrima Criolla. Cuchillo, Rebenque, Poncho y Chuza” de Mario A. (Aníbal del Carmen) López Osornio. Primera Edición. El Ateneo. Buenos Aires, 1942. Existe una segunda edición.  Nuevo Siglo. Buenos Aires, 1995. Esta última (citada por la autora), carece del material fotográfico de la primera, aunque ofrece un interesante prólogo con información bibliográfica y literaria sobre el  autor, debido a la pluma de la Licenciada Silvia García.

2)       Empatilladura: Lámina metálica envolvente que soldada a la cruz, ocupa el recazo o bigotera de la hoja. No parece exclusiva de la cuchillería criolla y contribuye a fijar sólidamente la hoja con el arriaz. Armando Frezze en “El puñal salteño. Sus orígenes y sus características”, reproduce la fotografía de una pieza en la cual la empatilladura está unida por medio de dos remaches a la hoja. La espada japonesa posee un anillo metálico (habaki), pero su función específica consiste entre otras, en ajustar el arma en la vaina. (saya)

3)       Tito Saubidet (“Vocabulario y refranero criollo”), sostiene que también el facón puede tener doble filo, estableciendo la diferencia con la daga, en la mayor longitud y anchura de la hoja de aquel con relación a la de esta última, a la que describe además: “sin ese ni media luna”. Conforme a esta opinión, la daga de Moreira, debería clasificarse por sus generosas dimensiones y gavilán (en forma de  herradura), como facón.

4)       La observación del arma realizada por la autora revela que: “La empuñadura es de plata labrada con motivo de hojas” y “los gavilanes tienen forma de U”. En cuanto a las dimensiones son las que siguen: “empuñadura: 15 cm., hoja: 68,5 cm., gavilán: 15 cm. y peso: 740 grs.” No se menciona si el cabo de plata fue grabado, cincelado o repujado. El arma se encuentra en el hoy controvertido hogar natal  del fundador del Partido Justicialista en Lobos, donde funciona el Museo y Biblioteca Juan Domingo Perón de la ciudad de Lobos, Pcia. de Buenos Aires. Señala la autora que se tomaron fotos, pero no fueron reproducidas en el artículo publicado en el Boletín Nro. 136 de la AACAM (Asociación Argentina de Coleccionistas de Armas y Municiones), correspondiente a Agosto de 1999. No sabemos si la hoja se midió incluyendo la empatilladura que envuelve sus primeros centímetros. De no haberse incluido, ello explicaría la diferencia de longitud observada, respecto a la mencionada por López Osornio (OC). De hecho le adjudica a Gutiérrez (OC), dar un peso de 25 onzas a la daga, cuando este solo se refiere (al parecer erróneamente) al peso de la empuñadura. Las medidas de la daga según Eduardo Gutiérrez son: largo total: 84 cm., ancho máximo de la hoja: 4 cm. y largo de la hoja: 63 cm. La última dimensión obedece a nuestro juicio a un error en la mensura, o de imprenta, repetido en sucesivas ediciones. Esta interpretación (junto a la presunta no inclusión de la empatilladura en la medición de Eiroa), permitiría explicar la diferencia de longitud de la hoja que se registra entre los tres autores.

5)       Chaflán: Cara que resulta en un sólido, al cortar con un plano un ángulo diedro.

6)       Vaceo: Canal que presentan las hojas de algunas armas blancas. Tiene por objeto reducir el peso sin alterar y aún incrementar su resistencia.
   
Cuadro comparativo de medidas.
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         Gutiérrez                                      López Osornio                         Eiroa
         Largo total: 84 cm.                      Largo total: 84 cm.                  Largo total: 83,5 cm.?
         Empuñadura: 21 cm.?                 Empuñadura: 11 cm.?             Empuñadura: 15 cm.
         Hoja: 63 cm.                                Hoja: 73 cm.                            Hoja: 68,5 cm.
         Peso del puño: 25 onzas              Peso: 720 grs.                          Peso: 740 grs.
            (717,50 grs.)                                            Gavilanes: 15 cm.
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 Se ha insertado un signo de interrogación, cuando la medida se obtiene por diferencia. Una onza española equivale a 28,7 gramos.


Nota: Publicado en la Revista Magnum de Buenos Aires en su número 136 del año XI, correspondiente al mes de Enero de 2001.
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1 comentario:

  1. Estimado jose Luis.
    Ante todo me presento, Jorge Prina es mi gracia, y lo felicito por su blog, que es de mas interesante, y con una prolija info de la bibliografia utilizada, y le paso una informacion extra de la daga de juan moreira encontrara en mi website, unas imagenes de un pasquin del 1900 de la daga de Juan Moreira, que no parece ser la misma que se exhibe en el museo hoy dia, a continuacion le dejo el link. y quedo a la espera d mas notas
    http://esgrimacriolla.blogspot.com.ar/2012/04/juan-moreira.html
    Jorge Prina

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