viernes, 24 de octubre de 2014

Las fábricas de armas blancas durante la Guerra de la Independencia. ¿Fue la espada de Artigas forjada en Caroya?


 por José Luis Mignelli   



“Es una vergüenza, es un desdoro que los Oficiales de este Ejército ni los Sargentos tengan 

un espadín, una espada o un sable.

Porque no hay dónde comprarlas.

Y es indispensable que V.E. se sirva ordenar que a la mayor brevedad se me remitan 200

de  estas armas  -  para que se cumpla esta falta  - que yo cuidaré que se le descuente a los

Oficiales el valor de las que reciban.”


Manuel Belgrano al Gobierno Superior Provisional de las Provincias Unidas. 
(Campo Santo,  5 de mayo de 1812)                                                 


“… tengo el singular honor de poner en manos de V.S. dos espadas sables, con sus correspondientes vainas y guarniciones doradas.
El uno de ellos se halla por las sabias, juiciosas y bien pulseadas determinaciones de V.S., destinado al General Oriental, Don José de Artigas”…

Manuel Rivera a  José Javier Díaz. (26 de Julio de 1815)


Con la firme determinación de proveer a los ejércitos de la Independencia con armas, pólvora y cartuchería en el interior, los primeros gobiernos patrios habían decidido la instalación de una fábrica de fusiles en Tucumán, y otra de pólvora en Córdoba. A éstas se sumaría a la brevedad, una fábrica de armas blancas, anexa a la de Tucumán, comisionándose al Cnel. D. Manuel Rivera (c. 1764 – 1824) 1)  en calidad de encargado de la misma y colaborador de Belgrano (1770 – 1820), para que “metodice, adelante y perfeccione el trabajo” en la de fusiles. 2)  Prueba de ello fue la aprobación y devolución a vuelta de correo el 27 de Diciembre de 1813, por parte del gobierno de Buenos Aires, de una espada forjada en dicho establecimiento, con la instrucción de que se le agreguen dos dedos mas de largo, a las que se hicieren  en el futuro. En esa oportunidad, también se solicitó a Rivera, realizar el máximo esfuerzo en  organizar el  traslado de la fábrica a Córdoba, notificándose al Gobernador Intendente de esa provincia, D. Francisco Javier de Viana, después Ministro de Guerra del Director Posadas (1757 – 1833), para que contribuya  en  lo que esté a su alcance con el operativo de traslación, interesándose en sus progresos y adelantos. 3)

Fue el mismo Rivera quién a poco de visitar Córdoba en busca de lugares adecuados para las instalaciones, sugerirá Caroya o Altagracia, por la existencia en ellas de edificios donde albergarlas, así como por la abundancia de agua para abastecer la maquinaria. Poco después remitirá a solicitud del gobierno de Buenos Aires, “hojas templadas en el Río Caroya  y Altagracia” para su aprobación.

Decidida la ubicación en la antigua estancia jesuítica de Caroya viejo, 4) por entonces Convictorio del Colegio de Monserrat, cerca de Jesús María, se dará comienzo a la producción, previo aprovisionamiento de materiales y herramientas procedentes de la misma Córdoba y de Tucumán. A la designación de capellán, mayordomo y escribiente, se sumará una dilatada dotación de operarios, tales como: majadores, amoladores, bronceros, braceros, carpinteros, albañiles, plateros, talabarteros, etc., más un piquete de soldados a fin de custodiar  instalaciones y despachos.  El 13 de julio de 1815 ya remite bajo custodia al gobernador D. José Javier Díaz, 40 sables, entre ellos 4 corvos y 12 para oficiales, a cuenta de un total de 300 solicitados. Poco después, a 26 de julio, le comunica que entregó a don Francisco de Paula Pérez, la espada sable que se le ordenara construir para el General José Rondeau, Jefe de la tercera Expedición al Alto Perú. En la misma oportunidad también le hace saber, que ha puesto en manos del Rector del Colegio de Monserrat, ocasionalmente en viaje a Córdoba, la espada sable que le encargó para el Gral. Artigas y otra de obsequio para su persona. En el período histórico que nos ocupa, la gobernación de esa provincia pasaría sucesivamente de Francisco Javier de Viana, a  Francisco Ortiz de Ocampo y de este al Cnel. José Javier Díaz, cuya convicción por la causa federal y devoción artiguista, explican el obsequio. Había este asumido sus funciones con el título de Director Supremo y  Gobernador de la Provincia,  el  31 de marzo de 1815.



Fig. 1. La espada de Artigas según el dibujo de Grenón

Si bien un empréstito forzoso sobre el comercio cordobés que recaudó 19.000 pesos, habría permitido sobrellevar los primeros gastos y de instalación, desde su inicio y a través de su breve existencia (1814 – 1816), la fábrica sufrió serias carencias a causa de la estrechez de fondos del erario público, tanto nacional como provincial. El 13 de marzo de 1815 solicita Rivera al gobernador la suma de 3.000 pesos, a fin de poder dar comienzo a la producción, llegando el mismo director en oportunidades a comprometer fondos propios en el desempeño de sus funciones. Con fecha 27 de octubre de 1815, enviará Rivera a Buenos Aires por intermedio del Tte. Cnel. Matías Usandivaras, una espada de caballería para el Director Provisorio, circunstancia que motivó una requisitoria del Ejecutivo Nacional al gobernador de la provincia, acerca de los valores de las mismas. Las espadas de caballería  fueron  cotizadas en esa oportunidad a  un precio máximo de 10 pesos por unidad  y las de infantería entre 7,50 y 8, advirtiendo Rivera que no se encarguen, sin proveer anticipadamente los auxilios necesarios “en forma mensual y puntualmente con los ya vencidos.” Fueron frecuentes las deserciones de operarios por falta de pago de los salarios, circunstancia esta última que alcanzó al propio Rivera, así como una reducción de los mismos a un tercio de lo estipulado. El mismo director con vistas a optimizar la economía, había sugerido la supresión de los puestos de mayordomo y escribiente, sugiriendo crear en su lugar una Tesorería. El 19 de noviembre de 1815 solicitará al gobierno provincial una carreta y cajones, para el embalaje y despacho, de un lote de sables terminados y el 16 de enero de 1816  dejará asentado en el Libro de Contaduría, la compra de una carretilla por 46 pesos, a fin de cumplimentar el envío de 150 sables de caballería con sus correspondientes biricúes para el Ejército del Norte. Dos días mas tarde sin embargo, se le ordenará suspender todo trabajo, levantar inventarios de herramientas, materia prima, armas terminadas y en curso de producción y conducir a la postre instrumentos, máquinas y demás enseres a Buenos Aires. Parte del acero existente, fue sacado a remate o dado en pago por orden  del Directorio, a fin de satisfacer deudas y salarios atrasados. Rivera marchará por fin a Buenos Aires en compañía del maquinista Enrique Kalke y del maestro lustrador Antonio Semik, observando la mayor economía en el empaquetamiento y gastos de viaje, de todo lo cual debía “presentar relación instruída al Ministerio de Guerra.” A partir de entonces las armas blancas solo se producirían en Buenos Aires. Conforme a una resolución del Ministerio de Guerra del 20 de Enero de 1816, suscrita por el Director interino Ignacio Álvarez Thomas y por Tomás Guido, una docena de espadas de caballería forjadas en “los primeros ensayos”, resultaron de tan buena hechura “que su temple y finura haría honor a las fábricas mas acreditadas de Europa”. Ello motivó su exposición en la Sala de Armas de la Fortaleza, así como el ascenso de Esteban de Luca al grado de Sargento Mayor de Artillería y Director de la Fábrica de Armas del Estado, premiando a su colaborador D. Juan de la Cruz Tejada, con un sueldo de 90 pesos mensuales y el cargo de Maestro Mayor de Fraguas. La fábrica  contó con nueve de ellas, de las cuales cuatro estaban destinadas a la producción de bayonetas de cubo. Estuvo ubicada en las proximidades del solar que ocupa hoy el Palacio de Tribunales, zona conocida entonces como el Hueco de Zamudio  y cesó definitivamente en  su actividad en 1822. Señala Armando J. Frezze que su primera producción data de 1811 y consistió en 281 bayonetas. 5)

 Los historiadores Pedro Grenón S. J. 6) y Efraín U. Bischoff  7) se han ocupado extensamente y con acopio documental de la Fábrica de Caroya, así como de la espada de Artigas, la que descansa hoy en el Museo Histórico Nacional de Uruguay en Montevideo. Fue el Mayor Leandro Gómez (1811 – 1865), después  héroe y mártir de Paysandú, quién la habría encontrado en 1842 en una armería de Buenos Aires, con su hoja y vaina quebradas y soldadas; “a remache con dos clavos” y “a plomo”, a 25 y 45 cm. de sus extremos respectivamente. En ocasión del traslado de las cenizas de Artigas (1764 – 1850), de Asunción a Montevideo en 1856, Gómez obsequió la espada al presidente Gabriel A. Pereira (1794 – 1861), cuya viuda la donó al repositorio en 1876. Se ha discutido reiteradamente si Artigas estuvo por algún tiempo en posesión del arma, registrándose al respecto posiciones encontradas. El Acuerdo del Ministerio de Guerra, de fecha 12 de Noviembre de 1816, resuelve  la cuestión en sentido negativo. En él puede leerse: “Acordó su S.E. prevenir a Dn. Manuel Rivera depositase en la Sala de Armas, el sable construido en Córdoba  para el Jefe de los Orientales Dn. José Artigas.”

Grenón se ocupa de la espada en dos lugares de su obra publicada en 1933. Lo hace entre las págs. 60/65 y 109, 106 y 108 respectivamente, pero abordando su descripción y mensura en tres oportunidades, con variada fortuna, en forma repetitiva y ocasionalmente contradictoria. Señala al principio que la espada es recta y de acero,  midiendo 71 cm. y la vaina 89; que la empuñadura provista de guarnición de bronce cincelado es de madera, de 1.350 ? mm. (sic), y que en el anverso de la hoja se lee en cursiva inglesa: “Córdoba (sic) independiente a su Protector” y en el reverso: “General Don José Artigas. Año de 1815”.  Continúa diciendo que el anverso de la vaina observa la leyenda: “Córdoba (sic) en los primeros ensayos a su Protector el inmortal Gral. Artigas. 1815”. Abunda luego en un  dato sustancial que omitirá Bischoff  años después,  para señalar a continuación que conforme a datos y dibujos facilitados por el Director del Museo de Montevideo, Sr. Telmo Manacorda y el dibujante C. W. Aliseris, realizó un dibujo mensurado de la espada (fig. 1), circunstancia que motiva una segunda descripción. Dice ahora que la hoja es de acero, de forma recta, tipo español y que mide 82,50 cm., asigna a la empuñadura 227,50 (¿mm?) y a la longitud total 1,05 mts. Describe a la hoja provista de un solo filo, punta, 36,00 mm. de ancho en la parte superior, 30,00 mm. en la media y 20,00 mm. en la inferior, presentando además una hendidura o váceo (sic). Continúa con el detalle de la empuñadura, señalando que es de madera negra y alberga nueve hilos de bronce (¿torzal o alambrado?), faltando el primero de ellos. Dice de la taza que es de bronce cincelado, estilo español clásico, con un sol y una cabeza de león coronada con un  gorro frigio, que se asemeja a un gorro de manga con  sus borlas cayendo a la izquierda. Asigna a la espada un peso total de 1050,00 grs. y a la vaina de metal dorado 600,00 grs., registrando esta última un ancho de 4,50 cm. en la parte superior  y 3,00 cm. en la inferior. Repite las leyendas en la espada y su vaina, omitiendo nuevamente “el”, en la correspondiente al  anverso de la hoja.

Finaliza Grenón con una tercera y última descripción en la pág. 109, la que continúa a causa de un error de impresión de la edición, en las nro. 108 y 106, reiterando que se basa en el dibujo de Aliseris y en datos suministrados por Manacorda, según comunicación oficial nro. 368/ 1933. Dice por fin que el largo total de la espada es de 105,00 cm., 22,50 cm. mide  la empuñadura y 82,50 cm. la hoja de acero, que es de  forma recta y tipo español, con 36,00 mm. de ancho en la parte superior, 30,00 mm. en la media y 20,00 mm. en la inferior. Esta provista de un filo y una hendidura (sic), que no llega a la punta y que ocupa solo tres cuartas partes de la misma. La empuñadura es de madera negra, con un espiral de bronce de 9 vueltas, faltando la primera. La taza de bronce cincelado, tipo español, con un sol y una cabeza de león tocada con un gorro frigio o de manga con sus borlas cayendo sobre la izquierda. La vaina en metal dorado es de tipo español, con guarniciones de bronce, a la que agrega ahora ojal y contera (suministrando las dimensiones de las dos últimas y asignándole 1,00 cm. al ojal 3,00 cm. al ancho de la contera y 1,50 cm. al largo de la misma), dos argollas de bronce para suspensión y un peso total de 600 grs. Repite el texto de la leyenda en el anverso y reverso de la hoja, escribiendo como esta grabado Córdova con “v” corta y agregando el artículo determinante “el” al final de la cursiva, que sirve de enlace con la frase del reverso. La leyenda en el frente de la vaina termina ahora con una rama de laurel y en el reverso  menciona la existencia de un dibujo de escamas que se alargan en su terminación. Es extraño que Grenón no haya suprimido en las pruebas de galera (si las hubo), sus dos primeras descripciones, dando a la estampa solo la última, si la estimó definitiva.




Fig. 2. Reproducción de la espada forjada en Caroya
para el general don José Gervasio Artigas

Creemos que el sacerdote jesuíta acierta con la longitud de la empuñadura en la primera de sus descripciones (presumiendo que se refería a 135,00 mm.), ya que 22,50 cm. se corresponden  con un mandoble o con una espada de mano y media, pero no con una espada sable  del siglo XIX; no acertando a nuestro juicio con ninguna de las longitudes asignadas a la hoja. De hecho en su buen dibujo,  anexo a la segunda descripción, en el que asigna 105,00 cm. al largo total de la espada, 22,50 cm. a la empuñadura  y 90,50 cm. a la vaina (omitiendo toda referencia al largo de la hoja), se observa una empuñadura pequeña y proporcionada en relación con el resto del arma. Una hoja de 71,00 cm. parece excesivamente corta y una de 82,50 cm. también lo es en relación a la longitud de la vaina, la que sobrepasaría el largo de la hoja en 8,00 cm. Esto no debería suceder con una vaina hecha a la medida, sino cuando la original es reemplazada por otra en calidad de substituta. Por otra parte en su dibujo, la vaina parece exceder razonablemente en 1,00 o 2,00 cm. al largo total de la hoja.

Bischoff por su parte, se ocupa de la espada en la pág. 112 de su obra publicada por la Universidad  de Córdoba en 1966 (OC).  La describe siguiendo a Grenón en su primera descripción, con una hoja de 71,00 cm. de longitud, una vaina de 89,00 cm. y una empuñadura de 135,00 mm. A poco sin embargo, le asigna 90,50 cm. al largo de la vaina, entrando en contradicción con un dato propio inmediatamente precedente. Ambas medidas, arrojan una diferencia desproporcionada entre el largo de la hoja y el de la vaina, de 18,00 cm. y 19,50 cm., respectivamente. La ilustración de la espada que acompaña el autor entre las págs. 64/65, bajo el título “Reproducción de la espada forjada en Caroya para el general don José Gervasio de Artigas” (fig. 2), exhibe una vaina que, por alguna razón, parece reflejar esa desmesura. Por último describe Bischoff las leyendas en las mesas o caras de la hoja, el anverso de la vaina y el dibujo del  reverso, escribiendo  Córdoba con “b” larga. Cita Bischoff como referencia de lo que expone, la pág. 109 de Grenón (OC), pero sus primeros datos corresponden a la primera descripción de ese autor de las págs. 61/62.

Dijimos que Grenón abundó en un dato sustancial omitido por Bischoff.  Este consiste en que la bigotera de la hoja lleva grabada en el anverso y “dentro de una cinta” (sic), “las letras LLARCY” a las que califica como “Marca de Fábrica” y en el reverso, dos cuños consistentes en un “sol heráldico” (es decir sin centro o rostro, por oposición al sol figurado y al sol naciente consistente en medio sol) y “una estrella de siete pétalos” (entendiendo que se refiere a una estrella de siete puntas, conocida como heptagrama o septagrama). Nótese que dice “letras” y no “palabra”,  lo que haría suponer que Grenón  pudo referirse a una sigla cuyo significado no sería  fácil  desentrañar. Si se tratase de un nombre  permitiría  preguntarnos: ¿pudo consistir la espada de Artigas en una hoja importada, solo montada y provista de vaina en el establecimiento de Córdoba?  Una respuesta afirmativa es lo probable. Dice Demaría (OC), que en la fabricación de fusiles a chispa, no existió un cuño que permitiera identificar un ejemplar enteramente hecho en Buenos Aires. Es posible que lo mismo ocurriera con las armas blancas producidas en Caroya. Ni siquiera la mera pertenencia de un arma al Estado estuvo debidamente acreditada, hasta la sanción de un decreto de la Provincia de fecha  24 de Diciembre de 1822, ya cesado el gobierno nacional a causa de Cepeda y de la anarquía del año XX. Por el mismo se dispuso que  Buenos Aires, debería grabarse en el casquillo que cubría el remache de la espiga en los sables, así como en la culata de las armas de fuego con una profundidad de 3 a 4 líneas. 8) La profusión de marcas observada en la espada de Artigas, consistente en una palabra y dos cuños, acrecientan por su extensión nuestras dudas. El forjado de la hoja se corresponde con la esencia misma del arma blanca y la documentación histórica acredita la producción de espadas en Tucumán, Córdoba y Buenos Aires, lo que supone sus tres etapas: forja, temple y revenido,  pero no parece ser este el caso. 9)

Por nuestra parte y sobre la base de las imágenes que acompañamos, describiríamos la pieza bajo estudio, como una espada sable de hoja recta, vaciada a una mesa y con vaceos en ambas caras que no llegan a la punta. Filo completo corrido al exterior y lomo corrido al interior, estimando la longitud de la misma en 88/89 cm. Carece en realidad de cazoleta, canasta o media canasta. Su guarnición parece simple aunque profusamente cincelada, compuesta de una rama principal y un crucero con double langets que remata en un galluelo. Es en principio, del tipo comúnmente llamado “de estribo”, con el aditamento de un lazo secundario que se bifurca al unirse con el arco,  proveyendo de  protección al dorso de la mano. Habitualmente se llama lado derecho del arma blanca al que presenta esa defensa, por lo cual correspondería adjudicar dicho nombre al de la mesa que lleva grabada la leyenda: “General Don José de  Artigas. Año de 1815” Posee pomo con monterilla corrida al interior hasta la virola y sin orejas, ostentando en la parte superior una cabeza de león con un gorro frigio “semejante a uno de manga con borlas”  y un sol emblema de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Dicho sol forma parte del brazo o  rama principal de la guarnición o esta incorporado a la misma y no aparece en la ilustración de Bischoff, como no aparece en el dibujo de Grenón, el escudete doble del lado derecho. El puño de la espada sable por su parte, presenta junquillo y torzal. (*)


  Referencias:

1)                 Conforme a las Tomas de Razón de marzo de 1807,  el extremeño Manuel Rivera fue Maestro Mayor de Armeros del Real Cuerpo de Artillería. Casado en Tucumán con Trinidad Indarte, fue también padre del controvertido poeta unitario José Rivera Indarte (1814 -1845), nacido en Córdoba un 13 de Agosto. Referido primero como “comisionado” y/o “encargado”, Rivera será designado oficialmente director de la fábrica el 18 de Noviembre de 1814.  Falleció en Buenos Aires el 1 de Diciembre de 1824.

2)                 El General Belgrano fue crítico respecto de la eficiencia de la fábrica de fusiles de Tucumán. En un oficio cursado por el prócer al gobierno de las Provincias Unidas en Buenos Aires, de fecha 3 de Junio de 1812, dice: “La fábrica de fusiles de Tucumán merece una atención particular y poner en ella un hombre que lo entienda; de unos cuantos fusiles nuevos que han enviado, se han reventado tres como granadas; las cajas a los primeros tiros se rajan; para las llaves no hay piedras que basten y tienen tanto fierro que muy bien podrían hacerse dos de cada una. Me he confirmado en lo que allí observé: que el vizcaíno (D. Francisco Joaquín Eguren) no es más que un practicón de fabricante de armas, sin entender palabra de mecánica,…” Poco después, el 18 de Junio de 1812 sostendrá “Las cartucheras que se hicieron para este ejército en Tucumán es de lo más malo que se pueda dar;…” Sin embargo en una comunicación posterior fechada el 27 de Noviembre de 1812, ya da cuenta al Gobierno que Rivera “esta entendiendo en el trabajo y economía de la armería.” Sostiene Demaría que la fábrica de Tucumán habría funcionado hasta 1819, utilizando con  la de Buenos Aires, hierro de Vizcaya y de Suecia en su producción. Los cañones eran forjados “a calda” y trabajados luego con mandril y barreno. La fábrica de pólvora de Córdoba voló en 1815 a causa de un incendio nunca aclarado y produjo durante su existencia pólvora gruesa para cañón y fina para fusil. En menor cantidad se produjo también pólvora en La Rioja, Santiago del Estero y Catamarca. San Martín por su parte, tuvo su propio laboratorio de pólvora en Mendoza. También se fundieron piezas de artillería en el Norte (obuses, morteros y culebrinas), por el Barón Eduardo de Holmberg  y a muy bajo costo. De ello dio cuenta Belgrano al Superior Gobierno de las Provincias Unidas, en una comunicación fechada en Jujuy el 23 de julio de 1812. (Vid. Rafael M. Demaría. Historia de las armas de fuego en Argentina, 1536 – 1852. Editorial Cabargón. Buenos Aires, 1972)

3)                 Conforme a un oficio fechado el 27 de diciembre de 1813 firmado por Juan Larrea, Gervasio Posadas, Nicolás Rodríguez Peña y Tomás de Allende. Por su parte Demaría (OC), hace referencia a la producción de armas blancas en Tucumán,  señalando que “La fábrica de Tucumán produjo también armas blancas, espadas y sables, que llamaron la atención de D. Tomás de Iriarte en 1818…” “Al parecer estas armas eran más de la especialidad de Rivera,…” El propio General Iriarte en sus Memorias dice: “en la maestranza se construían buenas hojas de espada de excelente temple; el general (Belgrano) quiso obsequiarme con una que mandó a hacer y montar con esmero, y en ella hizo grabar su nombre; yo conservé este presente hasta el año 20, en que lo perdí cuando fui hecho prisionero en las calles de Buenos Aires.” (Vid. Memorias del Gral. Iriarte. Textos Fundamentales. II Tomos. Selección y prologo de Enrique de Gandía. Tomo I, págs. 187/188. Compañía General Fabril Editora. Buenos Aires, 1962. Dice Bischoff  por su parte  (OC), que “a despecho de los inconvenientes, Rivera hizo por ese tiempo otro adelanto en la Fábrica, y logró hasta fabricar cuatro sables de caballería y cuatro para soldados de infantería. Al remitirlos, el 25 de Noviembre de 1813, hacía saber al Superior Gobierno, que era preciso trasladar la fábrica a Los Lules (pués las aguas de allí eran superiores), al igual que la de fusiles. Se comprometía a  fabricar (en Tucumán) espadas-sables de caballería, a diez pesos cada una y espadas de infantería a seis o siete”.  Muchos de los sables producidos después en Caroya, debieron ser copia del modelo inglés de 1796 para caballería ligera con guarnición de estribo (stirrup hilt), o de su versión prusiana, el más pesado Blüchersäbel de 1811, ambos dotados de una profunda curvatura aunque regular  y conocidos entre nosotros como latones. El primero había sido diseñado por el Brigadier Mayor John Gaspard Le Marchant (1766 – 1812) y producido por la firma Henry Osborn de Birmingham. El segundo recibía su nombre de un destacado líder prusiano, el Mariscal de Campo Gebhard Von Blücher Leberecht, Principe de Wahlstadt (1742 – 1819) y fabricado por las firmas espaderas de Solingen: Schimmelbush & Joest, Weyersberg y Schnitzler & Kirschbaum.

4)                 Sobre la Estancia de Caroya y su historia, puede también consultarse a Carlos Vigil, quién dice en lo referente a la fábrica: “Aumenta la importancia de esta propiedad el hecho de haberse instalado en ella en 1814 la primera fábrica de armas blancas del país, a cargo del maestro mayor de armeros perteneciente al Cuerpo de Maestranza de Artillería, don Manuel Rivera, comenzando a funcionar en junio de 1815.” “Se conservan aún las ruinas de la fragua y algunas piezas de las maquinarias del taller, así como el acueducto y el pozo donde se mezclaba el agua con los ácidos para dar dureza y elasticidad al acero.” Carlos Vigil. Los monumentos y lugares históricos de la Argentina. 2da. Edición. Pág. 147/148. Editorial Atlántida. Buenos Aires, 1959. Ricardo Piccirilli, F. Romay y Leoncio Gianello en su Diccionario Histórico Argentino (V Tomos. Ediciones Históricas Argentinas. Buenos Aires, 1954), también se ocupan de la instalación de Caroya a la que denominan: “Fábrica Patriota de Armas Blancas”.

5)                 Vid Armando J. Frezze. Enciclopedia de Cuchillería Argentina. Segunda edición de 50 ejemplares numerados y firmados. Edición del autor. Salta, 2009

6)                 Pbro. Pedro Grenón, S.J. (1916 – 1963). Sables Históricos. Archivo de Gobierno. Documentos Históricos. Talleres Gráficos de la Penitenciaría. Córdoba, 1933. En la portada de este libro el nombre del autor figura como P. Grenón, pero en el decreto adjunto autorizando su publicación, firmado por Frias y Agulla, figura como Reverendo Padre  Nicolás  Grenón SJ, siendo en realidad Pedro su verdadero nombre de pila.
Bajo el título Fábrica de Espadas en Córdoba (Págs. 23/53), reproduce Grenón importantes documentos oficiales sobre la historia del establecimiento.

7)                 Efraín U. Bischoff (1912 – 2013). La espada de Artigas. Universidad Nacional de Córdoba. Dirección General de Publicaciones. Córdoba, 1966

8)                 No es frecuente encontrar marcas de fábrica en la documentación sobre gran parte del armamento llegado a nuestras costas, durante la Guerra de la Independencia, desde el primer arribo acaecido en marzo de 1812. En general los despachos hacen referencia a fusiles de chispa de primera o  buena calidad con o sin sus bayonetas, sables comunes de caballería, sables finos para oficiales, etc. En una relación de 69 fusiles llevados a reparación pertenecientes al Cuerpo de Granaderos de Infantería encontró Demaría (OC) excepcionalmente, una referencia a una cifra o monograma conteniendo las letras R y D y correspondiente al parecer a la firma R. Davenport de Birmingham (circa 1800). Distinto fue el caso de los provenientes de manufacturas reales o imperiales francesas, tales como Charleville, Versailles, St. Etienne, Tulle y Mutzig. En cuanto a los fusiles con marcas del Arsenal de Springfield (USA), no siempre procedían de dicho arsenal, sino de contratistas privados, pudiendo llevar estampado o no el nombre del verdadero  fabricante. Los procedentes de Inglaterra podían presentar las marcas reales GR (George Rex),  alusivas a Jorge III°, o la palabra Tower en la platina, referente a la inspección a que eran sometidas las llaves de chispa en la Torre de Londres. En tiempos pretéritos las mejores espadas fueron consideradas objetos valiosos, cuyos precios podían ser  equivalentes a 120 bueyes o 15 esclavos y los forjadores identificaron las hojas con sus nombres y punzones para garantizar su calidad. Así lo acredita (a modo de ejemplo), el  prestigio del que gozaron entre los vikingos las espadas Ulfberth e Ingelrií entre los siglos IX y X de nuestra era; la nómina de 222 antiguos espaderos españoles publicada por el Barón de la Vega de la Hoz en 1898; las más de 200 marcas y monogramas de armeros y espaderos europeos mencionados por Auguste Demmin en su afamada Guide des Amateurs D’Armes et Armures Anciennes,  publicada por la Libbrarie de Ve. Jules Renouard de París en 1869; o por fin, la obra de John Walter: The sword and bayonet makers of the Imperial Germany 1871 – 1918, editada por The Lyon Press de Brighton - Sussex en 1973. Muchas armas blancas sin embargo carecieron de marca, firma o punzón de  fabricante, en razón  de urgencia y/o ausencia de interés comercial en una producción estadual, o por no haberse alcanzado en esa artesanía una alta cota en la calidad de sus productos. Así  también buenas espadas alemanas ostentaron falsas marcas de Toledo, debido al   prestigio alcanzado por las  labradas en esa ciudad. En la década de 1980 llegaron a nuestro país cuchillos - bayoneta de origen alemán producidos por Weyersberg (Solingen), de los modelos US M 7 (M 16) y KCB 70 M 1; desarrollado este último por Eickhorn (Solingen), a solicitud de NWM de Holanda para el fusil Stoner M 63 A 1. Pero también ingresaron sin marca visible, o provistos de una estampilla engomada facilmente removible.

9)                 Así también lo acredita el vasto “Inventario General” de enseres existente en los almacenes de Caroya, provistos por cuenta del Gobierno de Buenos Aires. Destacamos a modo de ejemplo: hierro de Vizcaya, acero de Milán, hierro vergajón de 1” y ½”, clavos, tachuelas, estaño, escofinas tablas de 9” y 12”, escofinas de media caña de 9” y 12”, limas de 4”, limas de 14”, limas triangulares, martillos de banco, tenazas, mazas de quebracho colorado, barretas, fuelles de fragua con tobera, martillos de banco, simbol, tornos de banco de 355 y 1/2 libras de peso, alambre amarillo para puños, alambre de fierro, barrenas chicas, grandes y pasaderas, tornillos de mano, fierros de corte, grapa de fierro, alicates chatos y de punta, esmeriles, chapas de latón, sierras de trozar, argollas de metal amarillo, bigornias de fragua y banco, torno de banco, herramientas de corte, piedras de amolar, escuadra y compases, crisoles blancos, bruñidores, máquina de brazos para lustrar, etc..
No incluye sin embargo “aceite dulce para aplanar sables,” curioso ítem solicitado por la Fábrica de Tucumán, y que no pudo satisfacer Domingo Matheu desde Buenos Aires en 1813.


*) Nota: Arribado nuestro estudio a este punto, confiamos en que una visita al Repositorio de Montevideo, nos permitirá en el futuro, ratificar o rectificar en su caso, nuestras conclusiones sobre las dimensiones de la  espada de Artigas, a las que asignamos por ello el carácter de provisorias.



Glosario:

Bigotera: Vid “Arma blanca: el recazo, orígenes y nomenclatura” en este Blog.

Biricú o Viricú: (biricúes): Cinturón de cuero provisto de un porta sable  con  uno o dos tiros.

Curvatura regular o simple: Es decir equilibrada en sus extremos y por oposición a la irregular o doble, que se acentúa en las proximidades de la punta y requiere de una vaina parcialmente ranurada junto al brocal.

Espada sable: Espada de hoja recta, filo completo corrido al exterior y lomo corrido al interior, con empuñadura y guarnición de sable. Fue llamada espada sable en España.

Espada de Infantería: Creemos que la expresión, tomada literalmente de un documento de época (“las de infantería…”), hace referencia al sable de infantería o hanger. Este consistía en un sable corto y corvo, con  filo corrido al exterior y  empuñadura con guarnición de bronce. Conocido entre los franceses como briquet (encendedor), por su similitud con un instrumento de época para encender las chimeneas, el término fue adoptado entre nosotros como birique. Su uso por la infantería en países de Europa, corresponde aproximadamente al período 1790 - 1833, siendo reemplazado por una espada corta y recta, de doble filo y vaciada a dos mesas, así como por el sable y la espada bayoneta. (Vid. Robert Wilkinson – Latham. Swords in color. Including other edged weapons. Arco Publishing Company Inc.. New York, 1978)

Junquillo: Ranura helicoidal cavada en la empuñadura, donde puede asegurarse el torzal.

Latones: (De “lata” y no del metal conocido como “latón” consistente en una aleación de cobre y zinc). Nombre que  se  dió al sable de nuestros granaderos por los soldados españoles, debido al ruido que producían al envainar y desenvainar. Dice al respecto la malograda historiadora Patricia Pascuali: “estaba destinado (el sable), a ejercer gran efecto sobre los realistas desde el mismo momento en que era desenfundado de su vaina metálica provocando ex profeso el chirrido helado del acero que amedrentaba al enemigo. Escasos en un comienzo, hasta que empezaron a ser surtidos por la fábrica de armas localizada en Caroya,… No se les oiría ya decir a los americanos: “Vengan con su sable de latón, que aquí están los vencedores de Bailen.” Los ahora temidos corvos habían cortado de cuajo su despectiva soberbia.” (Vid Patricia Pascuali. Juan Lavalle. Un guerrero en tiempos de revolución y dictadura. Págs. 28 y 46. Planeta. Buenos Aires, 1997). Los primeros de estos sables habrían llegado en la fragata Seaton  y  San Martín  ordenó al Maestro Mayor de Barberos D. José Antonio Sosa, antes del cruce de la cordillera, afilar los que estaban en servicio en el Ejército de los Andes.

Majadores: forjadores. (De majar: machacar y de majo: mazo de hierro)

Orejas u orejetas: Prolongaciones de la monterilla remachadas al mango y en ocasiones también a la espiga.

Stirrup Hilt: Guarnición de estribo. Llamada así por su semejanza con un modelo de estribos utilizado entre fines del siglo XVIII y principios del XIX.

Torzal: Hilo trenzado de hierro, bronce, cobre o metales finos como el oro o la plata, que envuelve el puño de la espada o sable, optimizando su adherencia a la mano  o “grip.” Se  llama “alambrado” cuando es simple o no trenzado.


* * * 






viernes, 13 de diciembre de 2013

Un hombre y un arma peculiares

Daga de Cuitiño. Foto de Abel A. Doménech (2005)


Por José Luis Mignelli



“No tenga miedo; párese; alce la cabeza; que una vez no más se muere: vamos.”
.
Ciriaco Cuitiño



"Nada como esa federala manera de vivir
y de morir.”
…………………………………………..
“¡Que el juicio final
te encuentre sin cuchillo!”
.
Jorge Melazza Muttoni ("Cuitiño")



Bajo los rótulos cuchillo y cuchillo de caza, la Iconografía de Rosas y de la Federación (1) reproduce dos fotografías de una misma pieza, debidas a I. Corbalán. La primera de ellas (en color), presenta una leyenda en la que se atribuye la pretérita propiedad de la misma al dictador porteño. En la segunda (en blanco y negro), se adjudica en cambio certeramente a Ciriaco Cuitiño (fines s. XVIII – 1853), quién otrora fue su verdadero dueño. El arma en cuestión se encuentra expuesta junto a otros objetos de época, en la Sala Federal del Museo Histórico Nacional. Sus características distintivas, sección de la hoja, doble filo y cruz, permiten clasificarla como pequeña daga o puñal y por ello como idóneo instrumento de ataque y defensa. Lo expuesto parece excluir finalidades meramente utilitarias y/o cinegéticas, a las que hacen referencia las denominaciones primero citadas.

Ciriaco Cuitiño. Óleo de Prilidiano Pueyrredon (1813 - 1870)


Se trata de una pieza rumbosa y bien elaborada, seguramente de origen europeo y cuyo diseño corresponde a nuestro juicio al siglo XVII. Su cabo es de marfil con sección oval y concluye en un falso pomo del mismo material con forma de capitel. Seis molduras lo atraviesan en sentido longitudinal y junto a una cruz de base rectangular y gavilanes de extremos planos vueltos en sentidos opuestos, se observa una virola de plata oval decorada con motivos rameados. La hoja con recazo (semejante a una empatilladura oval envolvente), tiene en su mayor parte contorno elíptico y filos romos, presentando las mesas tres estrechos canales. Aquellas cambian su superficie convexa original, al ensancharse en forma ascendente para rematar en una “spear point” de sección romboidal. La gotera central corre desde el recazo hasta las inmediaciones de la punta. A partir de allí, una espina con pequeñas perforaciones en el inicio de su recorrido, divide ambas mesas. Las goteras laterales - más cortas - corren entre el primero y el segundo tercio de la hoja. El cuerpo de la vaina es de cuero forrado en terciopelo verde y presenta brocal con presilla y contera, ambas en plata labrada.

Ingresó en el repositorio, por entonces bajo la dirección de su fundador y primer director Adolfo P. Carranza, con fecha 19 de Octubre de 1900 por donación de Eduardo Schiaffino *) no existiendo referencias en cuanto a documentación autenticatoria.
Abel A. Doménech la incluyó en Dagas de Plata (2) suministrando las dimensiones de la misma: largo total: 24 cm., de la hoja: 13,5 cm. (5 ¼”). Señala asimismo que el país de origen pudo ser Inglaterra o Francia y la asocia por su diseño a las antiguas dagas de misericordia.


 Fotografía en color de la daga y su vaina por I. Corbalan (1972)


¿Pudo ser esta el arma evocada por Ignacio Corsini cuando cantó?: “Tirana unitaria, me voy con Oribe / y allá en las estrellas del cielo oriental / seguiré cantando, tus ojos no teman / porque de Cuitiño te ampara el puñal.”
 
Mendocino para unos, porteño o bonaerense para otros, Ciriaco Cuitiño casó en primeras nupcias con María Miralles quién le dio cuatro hijos. **) Fueron sus padres Juan Cuitiño y Candelaria Sosa. Destacó como Teniente de las Milicias Bonaerenses y Alcalde del Partido de Quilmes entre 1818 y 1827. Durante la guerra con el Brasil, impidió al frente de sus vecinos, el desembarco de una fuerza enemiga en el Río de la Plata. Ferviente federal, fue miembro de la Sociedad Popular Restauradora y Jefe del Cuerpo de Serenos de la Policía de Buenos Aires, alcanzando en 1838 el grado de Coronel Graduado. Combatió junto a Oribe (1841), a la Liga del Norte, en la que revistaba Marco Avellaneda, señalado como instigador del asesinato del gobernador de Tucumán, el General Doctor Alejandro Heredia. ***) En camino de regreso a Buenos Aires, Cuitiño habría sufrido una irreversible parálisis en su mano derecha.
Se atribuye a Prilidiano Pueyrredon haber pintando su retrato, pero se ha discutido la verdadera identidad del retratado, en razón de la diferencia de fisonomía observada, entre el divulgado oleo que perteneció a Julio Pueyrredón y un daguerrotipo de nuestro personaje que se conservó en el Museo de Luján. (3)
 Si bien Cuitiño sobrevivió a Caseros, resultó víctima de la represión subsecuente al sitio impuesto a Buenos Aires por Hilario Lagos, al que había adherido. A consecuencia de la revolución del 11 de Septiembre, Lagos se sublevó en la Guardia de Luján poniendo sitio a Buenos Aires entre el 7 de Diciembre de 1852 y el 13 de Julio de 1853. El mismo concluyó con la defección del Comodoro Coe y la entrega de la escuadra federal a los sitiados. (4) Encarcelado y enjuiciado por esa causa, aunque formalmente (ya que se había dictado una amnistía), por presuntos crímenes cometidos durante la dictadura, Cuitiño fue condenado a muerte y rechazada su postrer apelación. La defensa estuvo a cargo del destacado abogado Marcelino Ugarte, quién finalmente fue desterrado a Montevideo por el Gobierno de Buenos Aires.

A las 9 de la mañana del 28 de Diciembre de 1853, fue fusilado junto a Leandro Antonio Alén, otro renombrado mazorquero, padre del célebre caudillo radical Leandro N. Alem y abuelo de Don Hipólito Yrigoyen. (5) La ejecución fue llevada a cabo en las inmediaciones del atrio de la Concepción y los cuerpos expuestos durante cuatro horas en una horca levantada a ese fin, en la contigua Plaza de la Independencia. (6) Preguntado sobre su última voluntad, Cuitiño pidió aguja e hilo con los que cosió su pantalón a la camisa añadiendo: “Como después de fusilados nos van a colgar, no quiero que a un federal ni muerto se le caigan los pantalones.” Poco antes había animado a su abatido compañero de infortunio, invitándolo a marchar al patíbulo con las palabras que reza el epígrafe y aquí repetimos: “No tenga miedo; párese; alce la cabeza; que una vez no más se muere: vamos.” (7)


Fotografía en blanco y negro de la daga y su vaina por I. Corbalan (1972)

  
Referencias:
 
(1) Fermín Chávez. Iconografía de Rosas y de la Federación. Nuevos Aportes. Tomo III. Editorial Oriente. Primera edición. Buenos Aires, 1972
(2) Abel A. Doménech. Dagas de Plata. El Autor. Buenos Aires, 2005
(3) José León Pagano. Prilidiano Pueyrredón. Academia Nacional de Bellas Artes. Buenos Aires, 1945.
(4) Guillermo Gallardo. La caída de Rosas y la traición de Coe. Editorial Theoría. Bs. As., s/f
(5) La grafía original del apellido fue Alén.
(6) En la intersección de la actuales Avda. Independencia y Tacuarí.
(7)Vid Cecilia González Espul. Ciriaco Cuitiño: un personaje tenebroso. Revista del I.N.I.H.J.M de Rosas, Nro. 33, Octubre/Diciembre 1993. Una tumba para Ciriaco Cuitiño. El Gran Americano. Órgano del I.I.H.J.M. de Rosas de General San Martín. Nro. 6. Noviembre de 2007. (Señala la autora que conforme a confidencias de los deudos del General Arturo Ossorio Arana, su tumba de granito negro en el cementerio de la Recoleta, se levanta en el mismo lugar que ocupaba la sepultura de Ciriaco Cuitiño.)


Llamadas:

*) Entendemos que se trata del pintor, critico de arte e historiador Eduardo Schiaffino (1838 – 1935), fundador y primer director del Museo Nacional de Bellas Artes y cuyo nombre recuerda una calle de Recoleta. Fue autor entre otras obras de La pintura y la escultura en Argentina. (Edición del autor. Buenos Aires, 1933. Impresa por Le livre libre en Paris, con fecha 2 de Enero de 1933.)
La pieza en el M.H.N. esta registrada así: “Carpeta Nro. 2891. Registro antiguo: folio 85, Nro. 762. Registro Nuevo: libro II, folio 103, Nro. 1398.
Documentos autenticatorios: No hay antecedentes.
Objeto: Puñal que perteneció al mazorquero Ciriaco Cuitiño. Medidas: largo de la hoja: 0,13 ½; del mango 0,10 ½; de la vaina: 0,14 ½ (mts.)
Descripción: Hoja de acero romboide. Con tres vaceos, filo corrido a dos mesas, último tercio triangular. Empuñadura de marfil con virola de plata y dos gavilanes de acero en cruz. Vaina de cuero forrada al exterior con terciopelo verde que lleva boquilla y contera de plata labrada.”

Expuesto: Sala Rosas

Al pie del informe se observa la firma del historiador y critico de arte Alejo B. Gonzalez Garaño (1877 – 1943), autor entre otras obras de Iconografía Argentina (Emecé Editores. Buenos Aires, 1943), miembro de la Academia Nacional de la Historia y de la de Bellas Artes. Lo acompañan con su firma Enrique A. Vidal y R. Zabala.
Un folio adicional suscripto por el Responsable del Área de Investigación, Licenciado Miguel Ruffo en Febrero de 2010, cita el trabajo de Roberto Vega Andersen: La platería en tiempos de Rosas, transcribiendo las siguientes líneas: “A la par de las producciones locales, también llegaban al ámbito bonaerense diversos objetos fabricados en los talleres europeos y acuñados en este noble metal. Así lo atestiguan los cuchillos de Rosas, de Juan Lavalle y de Ciriaco Cuitiño, todos de fabricación inglesa, preservados en el patrimonio del Museo Histórico Nacional de Buenos Aires.”
El trabajo citado forma parte del libro colectivo: Juan Manuel de Rosas y los bloqueos al Río de la Plata de Francia e Inglaterra. Arte e Historia. MLO & Partners Ediciones S.A. 1° Edición. Buenos Aires, 2008. El volumen contiene las memorias inéditas del marino y pintor francés Jules Marie Vincent de Sinety, bajo el título: Diario de Campaña en Uruguay (1/8/1838 – 2/1/1839), Martín García, El Guazú, Las Higueritas.
Respecto a la cita, debe señalarse que si bien las dos primeras piezas corresponden efectivamente y respectivamente a las marcas Moss & Gambles y Michael Hunter & Son de Sheffield, Inglaterra; en la tercera no se observan punzones o marcas de fábrica que acrediten con certeza su procedencia. No obstante, su origen inglés es posible. Harold L. Peterson en su conocida obra Daggers and Figthing Knives of the Western World. From the stone edge till 1900 (Bonanza Books. New York, 1970), en el capítulo 4to. correspondiente al siglo XVII y bajo el título English Daggers, describe detalladamente ejemplares de ese periodo, señalando características en gran parte coincidentes con la pieza que nos ocupa. Observa al respecto la existencia de cabos con falsos pomos de un mismo material, cruces rectangulares en su base provistas de gavilanes, virolas metálicas en las empuñaduras y hojas divididas en tres porciones claramente diferenciadas, la última de las cuales consiste en una punta reforzada de sección romboidal (diamond section). Señala al respecto: “The blades also were very distictive, usually being divided into three zones. The first zone comprised a squared ricasso followed by a long single – edged section for the second area and tipped by a stoutly reinforced point of thick diamond – section for the final zone” (vid plate 64). Describe por fin a estas “quillons daggers” como “well-made pieces, obviously designed for persons of wealth.” También Frederick Wilkinson ilustra y describe en Swords & Daggers (Hawthorn Books Inc. Publishers. New York, 1968), un fino y tardío ejemplar de “ballock dagger” de principios del siglo XVII, a cuya hoja define como: “multi – sectioned blade”. La misma presenta cabo de ágata, gavilanes de plata, recazo dorado grabado al agua fuerte y un sector central de la hoja que remata en una visible punta reforzada con sección romboidal (vid plate 58 left).
 
**) En una relación posterior con Ana Bustamante, tuvo otros cuatro hijos a quienes dejó en su testamento 1/5 parte de sus bienes.
 
***) “El indio” Alejandro Heredia (1788 – 1838), fue guerrero de la independencia distinguido por Belgrano, doctor en derecho y teología, joven catedrático de la Universidad de Córdoba, frecuentador de textos clásicos y maestro de latín de su protegido Juan Bautista Alberdi. (Vid: Mario Cesar Gras. El pintor Gras y la iconografía histórica sudamericana. El Ateneo. Buenos Aires, 1946)



Glosario:
 
Canal o gotera: Hendidura estrecha y profunda que surca una mesa. Al igual que el vaceo contribuye a reducir el peso de la hoja, sin alterar su resistencia.
Daga: Entre nosotros (dagas criollas) y también modernamente, el término alude en general al arma blanca de hoja estrecha y aguda destinada a herir primordialmente de punta, vaciada a dos mesas y con filos corridos al exterior e interior. Las mesas pueden estar separadas por un bisel llamado espina o lomo de anguila o por una gotera. Las hubo también en la antigüedad con hojas de uno a cuatro filos. Dice Frederick Wilkinson (OC): “By definition a dagger is essentially a weapon with tapering doublé – edged blade, whilst a kinfe has, again by definition, only one sharpened edge, but in fact it is often not easy to be precise when describing certain specimens”. Thomas, Gamber y Schedelmann por su parte, en Armi e Armature Europee ( Bramante Editrice. Milano, 1974), describen a la daga con hoja recta de doble filo y mediana longitud. A renglón seguido se ocupan de la “daghetta”, de menores proporciones que aquella y frecuentemente utilizada en los duelos.
Daga testicular (ballock dagger): Así llamada por la similitud de su arriaz con los genitales masculinos. Tuvieron su origen en el Medioevo c. 1300 y en la época victoriana se las llamó por razones pudorosas “kidney daggers”. Los estudiosos modernos le devolvieron su nombre original.
Empatilladura: Lámina metálica envolvente que recubre el recazo o bigotera de la hoja. Frecuente en armas blancas criollas: facón, daga y caronera, contribuye a fijar solidamente la hoja con el arriaz. En el caso que nos ocupa, el recazo que acompaña la sección del primer tramo de la hoja, se asemeja a una empatilladura presentando un fino rayado paralelo a la cruz. No parece posible detectar si se trata de una lámina que envuelve la hoja, o forma parte de ella, inclinándonos por lo segundo.
Gavilán (quillón): Extremo de los hierros de la cruz que se forman a uno y otro lado de la misma. Conforme a Grenón, la palabra procede del árabe colibán, que hace referencia al garfio o uña del gavilán. (Vid Pbro. Nicolás Grenón S.J.. Sables Históricos. Córdoba, 1933)
Puñal: Arma blanca muy corta, provista de filo, contrafilo y punta. Los filos pueden ser romos, al solo fin de facilitar la penetración. La palabra procede de “pugna” (pelea) así como del hecho de “caber en un puño” por su pequeño tamaño.
Puñal y daga de misericordia (o de Arzón): Armas usadas por los caballeros medievales, para dar el golpe de gracia a sus enemigos. Rafael Ocete Rubio señala en Armas Blancas en España (Grupo Editorial Tucán, 1988), que esta circunstancia es negada por algunos autores (Vgr. Florit y Rodriguez Lorente), los que sostienen que eran en realidad armas portadas por malhechores. Conforme al autor los puñales de arzón presentaban hoja de sección triangular y una saliente lateral para apoyo del dedo pulgar.
Recazo, talón o bigotera: Parte de la hoja sin vaciar, anterior al arranque del filo, en la que habitualmente se estampan punzones o marcas de fábrica.
Spear Point: Punta de una hoja vaciada a dos mesas, semejante a la moharra de una lanza.



Agradecimiento: A la Dirección del Museo Histórico Nacional y a los responsables del del Area de Documentación, por habernos permitido estudiar “in situ” la pieza y consultar el legajo correspondiente.

                                                              
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lunes, 21 de octubre de 2013

Las Espadas de Japón. Suprema Artesanía



Un samurái montado limpia cuidadosamente la hoja de su arma
British Museum, Londres.

                                                                                                  Por José Luis Mignelli      


The Swordsmith was not a mere artizian, but an inspired artist, and his workshop a sanctuary” 
                                                                                                     
Inazo Nitobe (Bushido, the soul of Japan)

  

La excelencia que desde antaño se atribuyó a la Espada Japonesa, constituye una verdad acatada por expertos de todo el orbe. Esta circunstancia obedece a la calidad del forjado, complejidad estructural por cuanto en el laminado pueden intervenir distintas clases de acero y hechura artesanal. Esta última pude ser calificada sin ambages como puramente artística. Ocupan en consecuencia un lugar de privilegio junto a la espada Toledana, cuya hoja posee un alma de hierro dulce encerrada entre dos tejas de acero y las de Damasco forjadas a partir de una torta o lingote de acero de origen indio (wootz), con alto contenido de carbono. Estas últimas luego de forjadas, ponían de relieve en sus mesas un vistoso dibujo, que sumaba estética a otras calidades mecánicas. 1)

 Las espadas japonesas pueden clasificarse en dos grandes periodos: Koto y Shinto, lo que significa vieja y nueva espada respectivamente 2), no existiendo coincidencia entre los autores acerca de cuál fecha marca la línea divisoria entre ambos. Alfred Dobrée menciona los años 1596 y 1603 D.C., en dos lugares de su obra (Japanese Sword Blades, 1905)*, señalando que la división fue realizada por el Taiko Toyotomi Hideyoshi, quién nombro a Honami Kösetsu primer experto oficial de espadas del Japón, cuyo juicio en la materia se consideró inapelable.

Conforme a su longitud y en orden decreciente, las armas blancas japonesas pueden clasificarse así: Nodachi, Tachi, Uchigatana, Katana, Wakizashi, Tanto y Aikuchi.** Este último consiste en un couteau desprovisto de tsuba o rodela. El uso combinado de una espada larga (vgr. Katana) y una corta (Wakizashi), formaban el Daisho, lo que constituía una característica distintiva de la casta de guerreros samuráis. Las rodelas de las espadas más cortas permitían complementariamente portar un pequeño cuchillo (kodzuka), y un implemento para el tocado personal (kogai), ubicado en forma opuesta. Otro cuchillo utilitario provisto de un luengo cabo angular fue el Tósu, cuyo origen se remonta c. 26 AC y del que no se conservan ejemplares originales.

Entre las espadas más antiguas, cabe mencionar al Tsurgi o Ken, a cuya hoja excepcionalmente recta y de doble filo se le atribuye origen chino. Primigenias hojas rectas fueron también las Hira-Zukuri y Kiriha-Zukuri, provistas de lomo (mune) y un solo filo (ha), corrido al exterior; diferenciándose la última por presentar un bisel longitudinal (shinogi), que recorre sus mesas, permitiendo reducir el espesor de la arista aguda optimizando el filo. Las hojas curvas surgieron a partir de los requerimientos de la caballería, necesitada de inferir golpes cortantes antes que estocadas. La curvatura puede observar distinto grado, pudiendo este acentuarse en las proximidades de la espiga (koshizori), en el centro (toriizori), o en la punta de la hoja (sakizori). Dicho grado se mide por la flecha (sori), es decir la máxima profundidad registrada entre una línea (nagasa), idealmente tendida entre el hombro y la punta de la hoja (kissaki) y el lomo de la misma. A diferencia de la clásica shinogi – zukuri provista de un bisel longitudinal y otro transversal (yokote), que delimita la punta (boshi) del resto de la hoja, la kogarasu – zukuri destaca por su diseño excepcional. Su suave curvatura, permite inferir su carácter de etapa de transición entre hojas rectas y curvas. Presenta filos corridos al interior y exterior en las proximidades de la punta y una espina recorre sus planos dividiéndolos en partes iguales. Ambas corresponden a la segunda mitad del periodo Heian, c. Siglos XI/XII. 


Tsuba o rodela - Tokyo National Museum

Una característica singular de estas armas orientales, consiste en el peculiar y eficaz método de unión de la empuñadura con la espiga (nakago), mediante la utilización de clavijas de madera, bambú o asta (mekugi). 3) También es privativo el collar metálico (habaki), ubicado junto a la rodela y cuya función consiste en mantener fuertemente apretado el arriaz, absorber el efecto de los golpes y ajustar por fricción la espada en la vaina (saya). Esta última era normalmente confeccionada en madera laqueada. Una mención especial merece el pulido de las hojas, el que demandaba varios pasos y días de trabajo, perdurando incólume por centurias. El mantenimiento de las mismas se realiza hasta hoy, mediante la aplicación de un fino polvo (uchiko), proveniente del secado de residuos obtenidos en el pulido final una hoja, así como también con el uso de aceite de clavos o camelia.

Mientras en occidente (excepción hecha de la espada Toledana y las obtenidas por el método de soldadura), 4) el arma blanca presentará una hoja de acero maciza, que ha pasado sucesivamente por las etapas de forja, temple, revenido y pulido; los mejores especímenes de espada japonesa, ofrecerán una hoja de estructura mas o menos compleja, pero cuya característica sustancial consistirá en poseer un núcleo o corazón de hierro blando que aportará flexibilidad, recubierto por un envoltorio de acero que brindará resistencia, dureza y (mediante un tratamiento térmico especial), filo durable. Este resultado se obtenía a partir de la operación de forjado, mediante el martilleo y plegados sucesivos del material, en el contexto de una ceremonia no exenta de carácter ritual, en la que el swordsmith ataviado con vestiduras especiales iniciaba su labor con las primeras luces del alba.

Lograda la hoja, ésta era cuidadosamente revisada en busca de posibles defectos y la espiga rayada en un sentido determinado (yasuri-me o file marks), lo que permite en la actualidad y a falta de firma (mei), clasificar una pieza entre distintas escuelas de forjado.

Su característica distintiva, es sin embargo la yakiba, filo inquebrantable rico en cristales de martensita, para cuya obtención se requerían varios pasos. La hoja era primero recubierta por una mezcla compuesta de arcilla ferruginosa, arena y polvo de carbón. Cuando esta cobertura comenzaba a secar, el Kaji, provisto de una astilla de bambú afilada, realizaba en la misma un corte por espacio de media pulgada a partir del filo, en ambas mesas y en sentido longitudinal. La línea de incisión no era caprichosa, sino que obedecía a un diseño preconcebido, que opera como fuente supletoria de identificación. 5) En la zona próxima al filo y a partir de la línea de templado (hamon), la cobertura era retirada o afinada extraordinariamente. Cumplida esta etapa, la hoja era nuevamente sometida a calor intenso (800º), en contacto directo con la flama y luego sumergida en agua de templar. Como consecuencia de este último paso, la parte de la hoja desprovista de cobertura (yakiba), enfriaba rápidamente adquiriendo gran dureza. El resto enfriaba en cambio lentamente por lo que su dureza seria menor, ganando en flexibilidad. La calidad y temperatura del agua no quedaban libradas al azar, por el contrario, constituían un secreto celosamente guardado por los maestros forjadores. Entre ellos cabe mencionar a Masamune de Sagami (Siglos XIII/XIV) 6), quién expulsó a su discípulo preferido Samonji, por haber interferido en el templado de una hoja, al introducir la mano en el agua con intención de conocer su temperatura.  

Dice Dobrée (OC), que para fines del Siglo XVI, los secretos de los maestros forjadores se habían perdido, atribuyéndose los mejores trabajos a los Siglos XII, XIII y XIV. En 1876 un edicto prohibió en Japón la portación de la espada y esta artesanía cayó en un periodo de marcada decadencia. Durante el mismo, las espadas destinadas al uso militar fueron producidas en forma masiva e industrial. En 1937 se produjo un renacimiento de la espada tradicional, conociéndose este periodo como: Shin –Gunto.(7)



Referencias:


1) Investigadores de la Universidad de Dresden en Alemania, observaron con un microscopio de electrones de transmisión, una muestra de acero de Damasco. La misma presentaba nanotubos de carbono, consistentes en disposiciones cilíndricas de átomos de carbono, así como nanolaminas de cementita, ricas en hierro y carbono duro. Estas últimas brindan el patrón ondulado de bandas, al que hace referencia el texto. Vid Henry Fountain, Los legendarios sables de Damasco, un prodigio nanotecnológico (Clarín, 16/XII/2006). Sin embargo, aunque en términos comparativos, un experto francés en arte japonés (Gouse), ha señalado: “Japanese blades are incomparably the most beautiful the world has ever produced; those of Damascus and Toledo, as examples of the working and tempering of steel, appear beside them merely as the efforts of children.” (Vid A. Dobrée, OC)


2) Richard Fuller y Ron Gregory en su valioso trabajo Military Swords of Japan, 1868 – 1945, editado en 1987 por Arms & Armour Press, ofrecen una clasificación minuciosa:

Ancient Pre: 900 AD

Koto: 900 /1596

Shinto: 1596 /1800

Shin Shinto: 1800 /1868

Modern: 1868 to date


3) Las empuñaduras consisten en dos piezas de madera, encoladas y acanaladas en su interior con capacidad para contener la espiga. Están recubiertas de piel áspera de raya (samé), sobre la que se apoyan dos figuras metálicas ornamentales (menuki). El conjunto era por fin asegurado, mediante una cinta de seda dispuesta en zigzag. La empuñadura se completa con el pomo (kashira), en su extremo superior y una virola (fuchi), en el inferior. Dos láminas de cobre (seppa), separan la virola y el hombro de la hoja, de la rodela.


4) En Europa Occidental durante los primeros siglos de la era cristiana (II/IX), francos y vikingos forjaron espadas mediante el método de soldadura (Pattern-Welded Swords). Varillas de hierro dulce y otras de hierro levemente endurecido mediante caldeo, eran martilladas, soldadas y sometidas a una fuerte torsión en espiral. Con el producto resultante de esta operación se daba forma a la hoja, soldándole luego filos de acero. Etruscos, griegos y romanos también forjaron espadas que suponían una solución de compromiso entre flexibilidad y capacidad de corte, al dotarlas de un núcleo relativamente blando con filos de acero mas duro.

5) El dibujo de la yakiba permite clasificar a una pieza, entre 32 principales escuelas de forjado.


6) Las cinco grandes tradiciones en la manufactura de espadas y sus principales representantes, corresponden a las provincias de: Sagami (Kunitsuna, Masamune, Kunimitsu y Yukimitsu); Yamashiro (Munechika, Kunitomo, Yoshimitsu, Kuniyuki); Bizen (Tomonari, Masatsune, Kanehira); Yamato (Kaneuji, Amakuni) y Mino (Kanesada, Kanemoto, Yoshiada, Kaneyoshi). Vid Kanzan Sató. The Japanese Sword. Kodansha International Ltd. and Shibundo. Tokyo, New York and San Francisco, 1986.


7) Literalmente: “Nueva espada militar” basada en la espada tradicional. La voz proviene de shin: nuevo y gunto: espada militar.
 

Llamadas:
 

*) Existe edición moderna: Alfred Dobrée. Japanese Sword Blades. Arms and Armour Press and George Shumway Publisher. London, 1967.


**) Las vainas pueden presentar anillas de sujeción que permiten, mediante un cordón, colgarlas de la cintura con el filo hacia abajo (vgr. Tachi), o una traba de sujeción, a fin de portarlas en la cintura en posición cuasi - horizontal y con el filo hacia arriba. (vgr. Katana y Wakizashi)

Nota: La primera versión de este artículo fue publicada en Gente BOT Baires. Boletín Informativo de The Bank of Tokyo, Ltd., Sucursal Buenos Aires. Año III, Nro. 10, correspondiente a  Marzo de 1991.


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