sábado, 6 de abril de 2013

Las primigenias bayonetas. Su origen y evolución.


                          Por José Luis Mignelli

 

“Cette arme, que jadis pour dépeupler la terre, dans Bayonne inventa le demon de la guerre.” Voltaire
 

“Arma modernamente introducida que ufan los soldados de infantería y dragones y fe compone de un hierro acerado, para herir de punta.” Diccionario de la Real Academia Española, Año 1726
 

“Con las bayonetas puede hacerse de todo, menos sentarse en ellas”
Emilio Castelar (Discurso pronunciado en las Cortes de Madrid)




Una descripción que presuma de integral aunque no de exhaustiva, dirá que bayoneta es el arma blanca complementaría del fusil, a cuyo cañón se adapta, internamente y por la boca mediante atascamiento de su empuñadura a presión, o externamente por alguna suerte de mecanismo destinado a ese fin. Todo ello al sólo efecto de convertir el arma de fuego en arma de asta. Su presencia en el campo militar se hace conspicua en el Siglo XVII (Circa 1640), a consecuencia del limitado poder de fuego provisto por el mosquete. La impotencia de la infantería frente a las cargas de la caballería, hacían necesaria la utilización de la pica, que a su tiempo será desplazada y reemplazada por el fusil con bayoneta. A través de la historia esta última evoluciona, hasta reunir y desempeñar eficazmente funciones independientes: utilización manual e idóneo accesorio del fusil.


Bayonetas de cubo diversas.

Los esfuerzos para poner en claro la etimología de la palabra bayoneta y el origen del arma, pueden resumirse así:

Bayoneta derivaría de Bayona, del vasco Ibai Ona, el Vado Bueno, ciudad francesa en el Departamento de los bajos Pirineos sobre el Río Adour. Se sostiene que nació la bayoneta en esta ciudad desde antigua famosa por su herrería y cuchillería en el año 1523, durante el sitio que en esa fecha sufrió por parte de ingleses y españoles. Esta aseveración puede vincularse a un diccionario francés de 1694 (Ménage), que describe el arma y explica el origen de su nombre, definiéndola como un “sorte de poingard, ansi appelée de la ville de Baionne.”

Ahora bien, un célebre militar francés, Jacques de Chastenet Chevalier Signeur de Puységur, la describe en sus memorias del año 1647 en los siguientes términos: “las bayonetas tenían una empuñadura de un pie de largo y las hojas eran tan largas como las empuñaduras, estando estas últimas adaptadas para ser colocadas en la boca de los fusiles luego de haberse disparado.” (1) Albert N. Hardin Jr., identifica al citado Puységur como “The first tactical user of the bayonet and its accredited inventor.” (2)

Una segunda teoría, dice que la voz bayoneta provendría de una posición geográfica homónima de los Pirineos, en la montaña de Arrhune, (La Bayonnette). En la misma habría tenido lugar un enfrentamiento entre españoles y vascos franceses, en el que estos últimos resultaron victoriosos como consecuencia de un ataque al arma blanca, realizado con improvisadas bayonetas, consistentes en sus navajas  precariamente fijadas en el cañón de los arcabuces.

Se atribuye asimismo a los holandeses el haber sido los primeros europeos en utilizarlas, y habría sido de los “Malais de Madagascar” de quienes aprendieron a convertir el fusil en pica, fijando en la boca del cañón la empuñadura de sus dagas. (3)

Un diccionario francés de 1611 (Cotgrave), así como el Glossaire de la Lengue Romane de Roquefort, registran el término “Bayonnier”, definiéndolo como un ballestero. La inquietud por explicitar esta información originó dos interpretaciones. La primera sugiere que la primer bayoneta pudo consistir en un virote o perno de ballesta, fijado al cañón del mosquete ante la necesidad de defenderse del ataque de un soldado de a caballo, circunstancia avalada por Robert  Wilkinson  -  Latham al señalar que “la vieja palabra francesa para flecha era “bayon”. (4) La segunda en cambio sostiene que los ballesteros solían distinguirse por portar una espada corta, de la cual se habría derivado luego la bayoneta. En forma reciente William Reid en su Histoire des Armes (5), dice que el vocablo bayoneta proviene del francés “bayoner”, que significaría literalmente “meter una espita en el tonel”. Alude sin duda a la antigua costumbre de los bodegueros, de acceder al contenido de los barriles, roscando en un orificio practicado al efecto, una espita o canilla de sección cónica, acción muy semejante a la necesaria para calar la primitiva bayoneta en la boca del cañón.


Vista parcial de una colección de bayonetas de cubo.

Por último y de acuerdo al Espasa Calpe español, mientras bayoneta sería para algunos el nombre de un puñal conocido en Francia desde fines del Siglo XVI, para otros solo sería el nombre de la vaina en la cual el arma era portada.

Conforme a lo explicado la primera bayoneta no fue más que un puñal o una daga, cuya empuñadura de forma ahusada se introducía en el ánima del cañón, de tal manera que cuando aquella estaba armada el mosquete no podía ser disparado. Esta circunstancia explicaría el por qué en su concepción primitiva, no pudo desplazar inmediatamente el uso de la pica en los ejércitos. Al descargar su mosquete el infante se retiraba a retaguardia bajo la protección de los piqueros, circunstancia que le permitía recargar el arma antes de volver a la línea de batalla. La bayoneta de tapón, cuyo mango operaba como clavija de conexión en la boca del mosquete, le permitía defenderse utilizando a éste como arma de asta, pero le impedía al mismo tiempo la recarga y el subsecuente disparo. La bayoneta de tapón reconoce tres estadios en su evolución: a) el primero corresponde al relato de Puységur, conforme al cual según hemos visto, tanto las hojas como las empuñaduras tenían un pie de largo, b) el segundo surge de una descripción realizada por Robert Hartford, en su Tratado de Disciplina Militar Británica de 1680, en la que se destaca la ausencia de cruz, hoja de doble filo de un pie de largo y una simple asa o mango en lugar de la empuñadura, de entre 8 y 9 pulgadas de longitud; y c) el de su evolución definitiva en 1686, cuando contó con una empuñadura provista de bulbo, virola, pomo, hoja y guarnición de salvapuños. (wood onion shape grip).


Bayoneta de tapón.
Referencias: A) Hoja, B) Guarnición, C) Empuñadura adaptada.

Si bien la bayoneta devino esencialmente en un arma militar, su uso no se limitó a los ejércitos, extendiéndose también a las armas de caza, campo este último donde los estudiosos creen encontrar su origen. En 1660 Luis XIV prohibió en Francia mediante una proclama, su utilización en las armas deportivas, a causa de los accidentes que frecuentemente acaecían. (Vid Le Passe et L’Avenir de la Artillerie).

El primer avance de envergadura en la evolución del arma, fue la invención del cubo, inicialmente atribuida por algunos a Sebastián Le Preste, Señor de Vauban, famoso ingeniero y militar de Francia y por otros al General inglés Hugh Mackay. En rigor de verdad la aparición del cubo como cilindro hueco de bronce, hierro o acero en el que rematan los hombros de la hoja a través de un codo, parece ser posterior y todo lo que Mackay vislumbró fue la posibilidad de sujetar la bayoneta al mosquete por medio de dos anillos dentro de los cuales pasaba el cañón. La conveniencia de disparar con la bayoneta previamente armada, habría sido advertida por el nombrado general luego de la Batalla de Killiecrankie en 1689, donde la impetuosidad de los escoceses Highlanders al mando de Graham de Claverhouse, impidió a los ingleses fijar a tiempo sus bayonetas de tapón, para lanzarse al combate cuerpo a cuerpo. Existen sin embargo referencias que indican que esta nueva forma de fijar el arma blanca al fusil por medio de anillos, era ya conocida en Francia en 1678, ya que así describe el Mariscal de Puységur en Art de la Guerre (6), las bayonetas utilizadas por un regimiento francés antes de la Paz de Nimegue. Conforme a su descripción, estas bayonetas estaban desprovistas de guarnición o defensa, pero en su lugar llevaban un anillo de cobre y otro semejante en el pomo. Otra fuente indica que los suecos utilizaban en 1685, una espada cuyo puño se introducía no en el ánima del cañón, sino en dos anillos dispuestos a ese fin al costado del mismo; y que en un modelo posterior de 1692, la sujeción se complementaba con el accionar de un resorte ubicado en la empuñadura. Por lo que respecta a Inglaterra, si bien la bayoneta de anillos sugerida por Mackay fue inicialmente rechazada, habría sido tardíamente utilizada durante el reinado de Queen Anne (1702 – 1714).

Bayoneta de cubo.
Referencias: A) Cubo, B) Codo o codillo, C) Hoja, D) Punta.

La experimentación con el cubo se inició con tropiezos. Conforme a una versión, ya en 1688, habría presenciado Luis XIV un ejercicio de combate con “bayonnettes á douille” destinado al fracaso, debido entre otras causas a la falta de uniformidad en el diámetro externo del cañón de los mosquetes. Este primer obstáculo extensivo a otras naciones de Europa, fue más tarde salvado por la adopción de un cubo que presentaba además del clásico empalme de bayoneta en zigzag en el que traba el guión o el punto de bayoneta, una hendidura en todo su largo que permitía abrirlo o cerrarlo a voluntad, a fin de adecuarlo al diámetro irregular de los cañones; ingenio conocido entre los amateurs bajo la denominación “split socket bayonet” (bayoneta de cubo partido).

Patrick Nöel por su parte sostiene en Baionetts du Monde, (7) que el cubo y el codo aparecieron hacia 1695 y 1703 respectivamente. Este último tenía por objeto alejar la hoja de la boca del cañón, a fin de facilitar la operación de avancarga. Aunque la bayonetas de cubo presentaron en su origen una hoja plana provista de punta y filo, en general evolucionaron rápidamente hacia otra de tipo estrecha y aguda, concebida para herir de punta y con sección triangular, a la que los ingleses dotaron alrededor de 1750 de una suave curvatura y acanaladuras longitudinales en dos de sus caras; adosando desde 1725 en la base del cubo un collar de refuerzo. Este servirá más tarde y con algunas modificaciones de por medio, a una función complementaria de sujeción. (Hannoverian 1838 & George Lovell’s 1844, spring catches).

Con la invención del cubo, atribuida por Ewart Oakeshott en su acreditado European Weapons and Armour) (8) a Jean Martinet, inspector de Infantería del citado monarca francés, la bayoneta de tapón comenzó a ser lentamente reemplazada por sus limitaciones obvias como armamento militar, pero no ocurrió así en el campo deportivo donde su uso perduró, especialmente en España hasta la segunda mitad del Siglo XIX. En ese país se la conoce como bayoneta de taco o cuchillo de montería a la española, observándose especímenes de origen toledano, con empuñaduras de marfil y hojas finamente labradas.

Maguer que la bayoneta de cubo constituyó técnicamente un gran avance, a su tiempo se advirtió que fuera de su uso en el fusil, presentaba escasas posibilidades de ser empuñada eficazmente como arma independiente, siendo aventajada en este aspecto por su antecesora, la que en su concepción más acabada no dejaba de reunir guarnición y empuñadura. La falta de arriaz que obligó a dotar al infante de dos armas blancas (briquette y bayoneta), traerá aparejado, soluciones ensayadas de por medio, (9) la aparición del sable bayoneta con sujeción a resorte a fines del Siglo XVIII. Esta nueva arma, la que en razón de su contemporaneidad y sucesivas derivaciones excede el marco de este trabajo, observó dos etapas definidas en su primera evolución: la del Hirschfanger entre 1790 y 1840 y la que en ese último año inaugura Francia cuando basándose en un modelo prusiano de 1831,(10) introduce un modelo de hoja yatagán en el que la sujeción se realiza en lo esencial, mediante un pestillo accionado por un resorte plano ubicado en la empuñadura y en forma complementaria por un ojo o anillo en su guarnición de bronce, destinado a abrazar firmemente el cañón del fusil. (11) Razones de costo unitario limitaron en principio su uso a las tropas de elite, pero aún cuando este comenzó a acentuarse no quitó vigencia a la bayoneta de cubo, la que mantuvo su presencia en los ejércitos hasta fines del Siglo XIX y en alguna medida hasta nuestros días. Así al presentar la Fabrique Nationale belga su Carabine Automatique Légère M63, esta preveía la utilización de una bayoneta tubular producida en una sola pieza de acero, con apagallamas y sin codo, la que contribuía a la liviandad del conjunto para fines específicos.


Detalle de un cubo primitivo.
Referencias: A) Zigzag o empalme de bayoneta,
B) Muesca de inserción, C) Anillo de refuerzo.

El cubo mismo técnicamente considerado no había permanecido uniforme, del primitivo empalme de bayoneta consistente en un canal en ángulo recto, se evolucionó hacia la incorporación de:

aaa) Cubos desprovistos de junta y en los que la sujeción solo se realizaba mediante una muesca en su base, en la que trababa un muelle ubicado debajo del cañón. (Austria M 1798, Prusia M 1809 y 1839) (12)

bbb) Tornillos mariposa de ajuste que presionaban lateralmente sobre la pared externa del cañón para asegurar la fijación. (Suecia M 1696, M 1699, M 1701, M 1738, etc)

ccc) Resortes concebidos para sujetar el guión o el punto de bayoneta, fijados por un tornillo ubicado en la base o en la parte superior del cubo. (East India Company 1818 & Kyhl’s 1794, spring catches) (13)

Detalle de un cubo con anilla.
Referencias: A) Zigzag o empalme de bayoneta, B) Anilla trabadora,
C) Nariz con tornillo, D)Moldura, E) Ranura de inserción.

ddd) Anillas trabadoras giratorias con tope o clavillo, provistas de nariz y tornillo para controlar su rigidez. La primera anilla apareció en Francia en 1763 encontrándose ubicada en la base del cubo y montada sobre el collar de refuerzo. Un modelo posterior de 1774 abandonó el sistema, constituyendo el primero en el que la sujeción se realizaba de modo complementario por un broche – resorte ubicado en el casquillo de la caja. En 1777 la anilla fue reubicada en la mitad del cubo sobre una moldura o cornisa creada a ese fin, sistema que mejoró la fijación y fue extensamente adoptado en el mundo. Austria lo asoció a su característico slot en forma helicoidal. El collar de refuerzo en su concepción original desaparecerá y se verá frecuentemente a la ranura de inserción del guión, protegida por una pieza con su misma sección llamada puente.

eee) Cubo giratorio: este mecanismo identificado con el modelo estadounidense Trowell 1873, consiste en un tubo oval cuya parte posterior, provista de ranura y puente, puede girar 90° manteniendo aprisionado el resalte del punto de mira.

fff) Cabe finalmente mencionar a los cubos accionados por un pestillo a resorte, los que constituyen la última etapa en la evolución del sistema y constan de una parte móvil, visible o no, accionada por una tecla, botón o pieza basculante de destrabe. (Rusia Mosin Nagant 1891/30, Inglaterra Nro. 4 MKI, II, II* y III, Bélgica FN CAL M63, Suecia M 1867/69, etc)

Hasta aquí hemos reseñado en forma sucinta, el origen y evolución de los primeros tipos de bayoneta, un arma a la que cabe considerar entre las más modernas de las llamadas “edged weapons” y cuyo suceso fue señalado por Bardin , por lo que sus palabras servirán de epílogo: “por ella cesó la caballería de ser el terror de los infantes; el fuego de las líneas de batalla no fue ya considerado el único medio de combate, y la infantería llegó a constituir la principal base de los ejércitos.”



Referencias:


1)      F.J. Stephens. Bayonets, An Illustrated History and Reference Guide. London, 1968 (Apéndice: On the History of the Bayonets, por Sir Sibbald David Scott. (Vid pág. 56)

2)      Albert N. Hardin Jr. The American Bayonet, 1776 – 1964. Philadelphia, 1977 (Vid pág. 230)

3)      JOURNAL DE L’ARMEE. 3° Año, Tomo III°. Paris, 1835 (Vid. pág. 50)

4)      Robert Wilkinson – Latham. Swords in Colour. New York, 1978 (Vid pág. 99)

5)      William Reid. Histoire des Armes. Éditions Princesse. Paris, 1976 (Vid pág. 147)

6)      Mariscal de Puysegur. Art de la Guerre, Tomo 1. Paris,1749 (Vid pág. 220)

7)      Paul Kisling. Baionnettes du Monde. Adaptación de Patrick Nöel. Argout Éditions. Paris, 1982 (Vid pág. 2)

8)      Ewart Oakeshott. Europeans Weapons and Armour. Guilford & London, 1980 (Vid pág. 234)

9)      Una de ellas consistió en la utilización de empuñaduras de sables, en las que se fijaban las bayonetas de cubo mediante una prominencia que aquellas presentaban semejante al guión del fusil o al punto de bayoneta. La alternativa fue proveer al cubo de mayor longitud y un codo con guardamano, sobre el que se montó una hoja plana, provista de punta y filo, acanalada y vaciada a una mesa. (Vgr. Baker Bayonet de 1804, para voluntarios de la Universidad de Cambridge & Sword Socket Bayonet para voluntarios c. 1800, respectivamente).

10)  The Bayonet, An Evolution and History. Stony Strattford & Milton Keynes. Buckinghamshire, 1985 (Vid pág. 66)

11)  1) Con anterioridad Inglaterra había utilizado la Espada Bayoneta Baker de 1800 producida por la firma Osborne de Birmingham, la cual en atención a su diseño y mecanismo de fijación, debería ser incluida en la etapa del Hirschfanger (Diente de Venado). La hoja recurvada experimentada por Francia desde 1837, manteníase alejada de la boca del cañón sin interferir con la avancarga y evitando daños susceptibles de ser causados por acción de los gases originados con la deflagración de la pólvora. Aspectos estos cubiertos con la utilización del codo en la bayoneta de cubo. La doble curvatura permitía asimismo un uso adecuado de la punta, cuando estaba armada y acentuar en la utilización manual, los efectos del corte al herir en forma oblicua. 2) El pestillo del sable bayoneta se compone de: ranura, botón, resorte y diente. Este último, también llamado pico, se desplaza lateralmente bajo presión manteniendo libre la ranura.

12)  Austria introdujo en 1842 una bayoneta cuyo cubo presenta un breve y recto slot con ranura de inserción en la base y a través de la cual pasa el resorte-trabador. (Laukart spring catch).

13)  Otros resortes utilizados fueron: en Inglaterra el New Land Pattern de 1802 y en Francia el Modelo 1767 de forma semicircular y ubicación transversal.
 
  

 Nota: Publicado en Gente BOT, Año I°, Nro. 5, correspondiente a Septiembre de 1989 y en la Revista Magnum de Buenos Aires, Año II°, Nro. 14, de fecha Noviembre de 1990.  


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