sábado, 21 de julio de 2012

Ante un cuchillo de Lavalle

 
El cuchillo de Lavalle
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por  José Luis Mignelli
                                                  
                                                         Lo que Lavalle haga como valiente,
                                                         muy raro será el que lo imite y el que
                                                         lo exceda ninguno.
                                                                                                  San Martín
 

Una sala del MHN alberga una vitrina con objetos que pertenecieron al General  Lavalle. Entre ellos, destaca un cuchillo de fina factura con  vaina metálica. Si a primera vista su diseño corresponde al de un cuchillo criollo, una mirada pormenorizada encontrará similitud con el Dirk Mediterráneo; arma blanca de la que aquél deriva, utilizada en el sur de Francia, Italia, Cerdeña  y España, a partir de la última mitad del siglo XVII. La pieza en cuestión posee cabo de metal facetado con sección tronco cónica, la que remata en su extremo superior en una cabeza de hombre con  rostro barbado y bifronte que hace las veces de pomo. La hoja con  inscripción “cast steel” y punzón de fabricante es de contorno triangular, aunque no enteramente isoscélica. Vaciada a una mesa, presenta lomo cuadrado con contrafilo en su último tercio; filo, punta, gavilán propio (choil) y botón redondo al estilo oriental. El nombre del General y su grado están grabados en la empuñadura. Cuchillo y vaina observan ambos dos, el número interno de registro (f 1543). La documentación sobre la pieza existente en el museo, es escasa. El legajo en cuestión lleva el nro. 2234 y se compone de una página y una fotografía en blanco y negro del cuchillo y su vaina. No existe información sobre la fecha de ingreso,  ni sobre la persona del donante. Contiene sí, una descripción (no fechada), suscripta por los Sres. Alejo B. González Garaño, Enrique Vidal y Ricardo Zabala, que en lo sustancial dice:

“... Cuchillo de plata, que perteneció al General Juan Lavalle. Medidas: largo de la cuchilla 0,36 ½ mts., de la vaina 0,27 mts.”

“...  Hoja de acero recta, de doble filo en la punta, lomo cuadrado, sobre una de las mesas lleva grabada la marca de fábrica, representada por un cuerno de caza...” (Sic)

El  extremo de la espiga está remachado y pulido sobre la cabeza de hombre, presentando el  cabo ocho facetas en forma de hojas labradas de las cuales dos,  coincidentes con el espesor y filo de la hoja son más anchas. Se observa en el lomo y junto al botón, cinco líneas oblicuas no originales en dirección ascendente de  izquierda a derecha, formando la última de ellas una “V” recostada. La  vaina, ornamentada con motivos florales y un gorro frigio sobre un haz de luz, ambos enmarcados en un óvalo, posee boquilla, agarradera y botón.  Parece excesivamente larga  y su decoración no guarda relación con la de la empuñadura.

El acero fundido (cast steel), utilizado en la hoja, fue desarrollado c. 1742 por el relojero inglés Benjamín Huntsman (1707- 1776), quien lo obtuvo fundiendo  trozos de una barra de acero ampollado (blister steel), en un caldero al que se había agregado carbono. Se caracterizó por su flexibilidad y su primer uso fue en cuerdas para relojes. El acero para cuchillería utilizado en Inglaterra, había transitado tres etapas: Blister, Shear y Cast Steel.

El punzón del fabricante consistente en un cuerno de pólvora, identifica a Michael Hunter & Son (c. 1780), de Sheffield, Inglaterra. Bajo la dirección de Michael Hunter 3ero  (1821 – 1896), la firma  también  exportó cuchillos a Sudamérica bajo las marcas “Fuerte” y “Llama”. (1)

Al contemplarlo, nos preguntamos si el jefe unitario lo habrá llevado consigo en su última y trágica “Campaña Libertadora”, cuando en Agosto de 1840 y tras su derrota en Sauce Grande a manos de Echagüe, desembarca en San Pedro dispuesto a caer sobre  Buenos Aires para  derrocar a Juan Manuel de Rosas.

Victorioso en escaramuzas iniciales, pocas simpatías hizo su ejército en las poblaciones rurales que encontró a su paso, excepción hecha de Echeverría, quién retirado en el Tala salió a su encuentro. Tras el fracaso, lo estigmatizaría en el poema “Avellaneda” con los versos:

                                     Todo estaba en su mano y lo ha perdido
                                     Lavalle es una espada sin cabeza
 

En su campamento de Merlo y con la ciudad a la vista, se demoró a la espera del Mariscal Baudin, quién presuntamente proveniente de Francia con una fuerza de desembarco, le brindaría apoyo ocupando Retiro o Recoleta al norte de la ciudad. Se movió luego  hacia  Navarro y Giles, al enterarse  que habían sido alertadas las milicias de Santos Lugares y que 2000 infantes al mando de Mansilla y Guido, se habrían concentrado en la Plaza de la Victoria  dispuestos a repeler la invasión.

La deserción e indisciplina comenzó a manifestarse entre sus hombres, lo que lo llevó a iniciar su funesta marcha hacia el norte. En carta a su esposa, fechada el 12 de Octubre de 1840 en el Cantón de San Pedro, 8 leguas al norte de Santa Fe,  dirá: “... los triunfos de este ejército no hacen conquistas sino entre la gente que habla; la que no habla y pelea nos es contraria y nos hostiliza como puede. Este es el secreto, origen de tantas y engañosas ilusiones sobre el poder de Rosas, que nadie conoce hoy como yo.” (La Campaña Libertadora  del General Lavalle (1838 – 1842). Págs. 598/600. La Plata, 1944.)

Tras angustias y vicisitudes (2), Oribe lo alcanzó en Quebracho Herrado (28/XI/1840), infiriéndole una terrible derrota. Un mes antes había conocido la firma del tratado Mackau – Arana que ponía fin a la Intervención Francesa de 1838 – 40. Excluído en principio de la amnistía que el dictador porteño concedió al resto de oficiales y tropa, se le ofreció sentar plaza en el ejército francés con grado de mariscal. Razones de honor le impidieron aceptar. También Rosas, consecuente con su permanente política de seducción del adversario, le hará llegar una oferta que también rechazará. Portador de la misma fue el General Mansilla y consistía en la deposición inmediata de las hostilidades, la libre elección del lugar para  su  residencia y el encargo de una misión diplomática en el exterior,  cuando hubiere una vacante disponible.

El año 41 encontrará a Lavalle inactivo en el campo militar,  pero transitando su Carpe Diem con Solana Sotomayor a la que sucedería luego Damasita Boedo. Finalmente sobrevino Famailla (19/IX/1841); desastre del que logró evadirse merced a la baquía del célebre José Alico. (3) Dividido el resto de su ejército y con apenas doscientos hombres pondrá rumbo a Jujuy. En la noche del 8 de octubre de 1841, levantó su campamento en los Tapiales de Castañeda, pero ocupó con su escolta  la casa de Zenarruza en el barrio de San Francisco. (4) Allí mismo y a la mañana siguiente, el General Juan Galo de Lavalle, héroe de Riobamba e Ituzaingó, encontrará la muerte en un confuso episodio con una partida federal. José María Rosa sostiene que un Lavalle abrumado pero firmemente determinado a no caer en manos del enemigo se infiere la muerte por mano propia, secreto que habría sido celosamente guardado por sus allegados. (5)

Recuperado el cuerpo por sus fieles, fue conducido a través de la Quebrada de Humahuaca y descarnado finalmente a orillas del arroyo Huancalera. Otro cuchillo, el del Coronel Alejandro Danel quién ejecutó las ingrata tarea, sería el instrumento de cirugía improvisado en la ocasión. Danel obsequió más tarde ese cuchillo - “mi humilde cuchillo” lo llama en su autobiografía - así como la bala que extrajo del cuerpo, al General Paunero. (6)
El final trágico de Lavalle ilustra el de la Coalición del Norte en su conjunto. Atrás quedaban sus proclamas federales en el litoral, el estigma de mero “auxiliar” epilogado con el desdoroso ofrecimiento de Halley, el reproche y consiguiente abandono de la emigración y la indisciplina de sus fuerzas, sumada al creciente desaliño en  su persona que alarmara a Lamadrid  y a Paz.
Los huesos de Lavalle encontraron finalmente reposo en su primer enterramiento, la Catedral de Potosí.

Glosario:

Blister steel: Método primigenio para la obtención del acero, consistente en la carburización del hierro. El producto final ofrecía una superficie ampollada (blister). En una evolución posterior, varillas de acero blister eran fundidas en una sola de mayor volumen, mediante caldeos y martillado sucesivos, mejorando así la distribución del carbono (shear steel).

Botón: Resalte o tope en la base de la  hoja de algunos cuchillos. Delimita las mesas del punto de nacimiento de la espiga. En el Río de la Plata se lo distingue por su forma en cuadrado o bonaerense o redondo u oriental.
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Choil: Porción vertical o cuasi vertical  de la hoja, comprendida entre el recazo o el botón (en su caso) y el comienzo del filo. Entre nosotros se lo ha denominado “gavilán propio.” (Ver al respecto “Esgrima Criolla”, de Mario Alberto López Osornio”, El Ateneo, 1942, Pág. 34)

Dirk mediterráneo: También llamado Daga Mediterránea. Arma blanca de hoja triangular,  provista de uno o dos filos, sin cruz y con botón de hoja.

Espiga: Apéndice o vástago de la hoja que permite fijarla al cabo.

Mesa: Plano de la hoja. Se cuentan sólo las de un lado.

Tercio: Una de las tres  partes  en que se divide idealmente una hoja. Primer tercio, fuerte o alto,  segundo tercio o medio y  tercer tercio,  flaco, fino o débil.

El cuchillo de Lavalle. Nomenclatura
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Punzones de la firma Michael Hunter & Son de Sheffield, Inglaterra
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Bibliografía  y Referencias:
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(1) Al respecto puede consultarse provechosamente:
     Abel A. Domenech. "Cuchillos de exposición Joseph Rodgers", 1999
     Geoffrey Tweedale. "The Sheffield Knife Book", 1996
     Richard Washer. “The Sheffield Bowie & Pocket Knife (1825 – 1925)”, 1974.  
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(2)   Entre las que cabe mencionar su estadía en Campo Calchines, Santa Fe, cuyos pastos infestados de “mio mio” diezmaron sus caballadas.
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(3)   Alejandro Ferreira, baqueano unitario conocido como José Alico o Alicu.
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(4)   También conocida como casa de Leocadia Zenavilla de Alvarado...
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(5)   José Maria Rosa. “El Cóndor ciego. La extraña muerte de Lavalle”, 1974.

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(6)   Patricia Pascuali. “Juan Lavalle. Un guerrero en tiempos de revolución y dictadura”, 1997.
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Agradecimientos: A la Sra. María Rosa Espinoza, Jefe del Dpto. de Documentación del Museo Histórico Nacional y al Lic. Carlos Larrosa, por haberme permitido en 2000, estudiar “in situ” la pieza, así como consultar el legajo correspondiente.   
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